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Editorial

Consulta ciudadana


 Por La Tribuna

No hay dobles lecturas. No fue acertada la decisión de los partidos que dieron vida a la desaparecida Concertación – ahora agrupados en el pacto Unidad Constituyente – para no inscribir candidaturas presidenciales para la realización de primarias legales que dirimirían al postulante de la coalición.
Fue muy simbólica la escena en la noche de ese 19 de mayo en que el presidente del Partido Radical y candidato de esa colectividad a la primera magistratura, Carlos Maldonado, esperaba en las afueras del Servicio Electoral (Servel) que llegaran los demás representantes del pacto para inscribir las candidaturas. Nadie llegó de su sector.
En cambio, en esa misma jornada, Apruebo Dignidad – representada por Gabriel Boric y Daniel Jadue – y Chile Vamos – con Joaquín Lavín, Ignacio Briones, Mario Desbordes y Sebastián Sichel – completaron el trámite en el Servel.
Lo que vino después para esos postulantes fue una franja televisiva en horario prime y la posibilidad de poner propaganda política en medios de comunicación así como en espacios públicos debidamente delimitados. También tuvieron la chance de ser parte de los debates y programas de deliberación de la televisión abierta.
Durante prácticamente dos meses, los seis postulantes coparon la agenda de la opinión pública con sus propuestas programáticas, además de sus perspectivas y puntos de vista sobre los temas más variopintos.
En el día de las primarias, debidamente normadas y financiadas por el Servel, los resultados dieron como ganadores a Gabriel Boric y a Sebastián Sichel. Y tan importante como la jornada deliberativa, fue la participación ciudadana, con más de 3 millones de sufragios, la mayor desde que se instauró esta democrática posibilidad de dirimir las contiendas entre colectividades afines.
Esa misma noche, comenzaron las recriminaciones de varios dirigentes de Unidad Constituyente por haberse restado de un proceso electoral que, a todas luces, fortalece las opciones de quienes fueron los ganadores de esa jornada electoral y deja varios peldaños más atrás a los postulantes de esa coalición.
Las primarias fueron una propuesta que, paradojalmente, fue convertida en ley gracias al empuje de los gobiernos de la Concertación como una manera de profundizar el sistema democrático, apuntando a que la participación ciudadana era la mejor manera de dirimir ese tipo de contiendas.
Al cabo, Unidad Constituyente debió asumir que no puede haber designación de un candidato en las cuatro paredes de una oficina capitalina y, a costo propio, deberá asumir la realización de una consulta ciudadana. Es una verdadera carrera contra el tiempo porque restan menos de cuatro semanas para su materialización y se debe verificar una infinidad de detalles para que pueda funcionar de buena forma. Y todo ese esfuerzo puede verse eclipsado si no se consigue un grado de participación suficiente para validar al ganador o ganadora de la jornada.
Hay un dicho en política que dice que las diferencias en democracia se resuelven con más democracia. Y las primarias legales se diseñaron para precisamente esa función: dirimir las diferencias. Que sirva de enseñanza para los procesos electorales que se avecinen.

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