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Editorial

Tasa de política monetaria


 Por La Tribuna

En la teoría económica se asegura que existen básicamente dos opciones para propiciar la recuperación, que pueden ser complementarias, para enfrentar los periodos de recesión económica. Una viene de la mano del Estado, a cargo del gobierno de turno, que incrementa de manera sustantiva el gasto fiscal desde el lado de la demanda agregada.

En esos escenarios, se utilizan las herramientas disponibles, como otorgar un mayor número de subsidios habitacionales para inyectar recursos al rubro inmobiliario (uno de los más importantes desde la perspectiva de la generación de puestos de trabajo), las compras fiscales o en las grandes licitaciones para obras públicas, como la construcción de puentes o camino. También se cuentan mecanismos como subsidios directos, entre los que se cuentan las distintas variaciones del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), que ha representado grandes volúmenes de recursos para la población en general.

Otra manera de propiciar la recuperación recae directamente en el Banco Central que, a través de su política monetaria, emplea el instrumento de la tasa de interés, que técnicamente se denomina Tasa de Política Monetaria.

Dicho instrumento, de acuerdo a la dinámica de la actividad comercial, se ajusta al alza o a la baja. De esta manera, ante periodos de posible aumento de la inflación, caracterizados por consumos elevados, la tasa de interés se eleva para encarecer la deuda y presionar así a una caída del circulante. En el lado opuesto de la moneda, cuando una crisis económica deriva en un letargo del consumo, se baja la tasa de interés (el costo de endeudarse sale más barato) para así propiciar un incremento del gasto en las familias.

Por más de un año, específicamente desde marzo de 2020, la Tasa de Política Monetaria se mantuvo en el llamado mínimo técnico, que corresponde a un 0,5%. De esta manera, se buscó promover las compras, a pesar del deprimido escenario en el comercio, considerando aún vestigios del estallido social y, principalmente, por el brutal impacto de la pandemia del coronavirus. Los cierres paulatinos, cuarentenas y disminución de producción en muchos de los sectores productivos obligaron a que la tasa de interés fuese la menor posible en su historia, con el fin de incentivar el consumo.

Sin embargo, durante los últimos meses y principalmente durante el 2021, la mayor liquidez –gatillada principalmente por los retiros de las AFP– ha presionado a un alza en la inflación. Además, varias economías ya muestran señales de recuperación y algunos bienes se han encarecido por mayores costos de transporte, y del precio de sus insumos y materias primas. Por lo mismo, es necesario que el Banco Central evalúe ahora mantener la tasa de interés en su mínimo o, en su defecto, incrementarla de manera paulatina para, tal cual como sucede en el país, se “normalice” la política monetaria.

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