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Editorial

Crisis en Haití


 Por La Tribuna

Haití es un estado fallido. La muerte a balazos de su Presidente, Jovenel Moïse, a manos de un grupo armado que lo atacó en su residencia particular en el barrio de Pelerin (Puerto Príncipe), es la demostración de la profunda crisis que vive ese estado caribeño.

Es que Haití lleva décadas bajo permanentes turbulencias políticas, sociales, a lo que se suman desastres naturales que perjudican cualquier atisbo de estabilidad.

Ese país ostenta el poco honroso título de ser el más pobre de América. Su Producto Interior Bruto (PIB) per cápita ha mejorado ligeramente, pasando de US$662 a 765, pero más del 60% de sus habitantes viven con menos de dos dólares al día (mil 500 pesos). A modo de comparación, ese mismo indicador en Chile supera los 14 mil dólares de la divisa norteamericana.

Aparejado a lo anterior, su población corre el riesgo permanente de padecer hambre. Según la ONU, casi 4 millones de haitianos (de una población cercana a los de 11,5 millones) padecen inseguridad alimentaria.

Hace 11 años, el país fue devastado por uno de los desastres naturales más importantes en la historia reciente. Un terremoto de magnitud 7 dejó 316 mil muertos, 350 mil heridos, miles de casas desplomadas y el 60% de su infraestructura médica en el suelo.

El daño económico en Haití fue gigantesco: US$7.900 millones, el 120% del PIB del Estado. Además, 1,5 millones de personas se quedaron sin hogar. No sería el único desastre natural. En 2016 y 2020, dos huracanes barrieron enormes extensiones de ese país, dejando un reguero de muertos y daños materiales a su paso.

Como si fuera poco, las epidemias diezmaron a la población haitiana. El cólera, enfermedad erradicada en Chile hace décadas, infectó a 520 mil personas y causó la muerte de unas 7 mil.

A esta epidemia, se sumó el coronavirus con algo más de 19 mil contagios y 462 muertes aunque las cifras reales serían mucho más altas.

La inseguridad se ha instalado en Haití, especialmente en los últimos años con innumerables bandas armadas que causan el terror en la población con asesinatos, secuestros, violaciones, sin que puedan ser controladas por las fuerzas de seguridad.

Las fuerzas de paz de la ONU (los llamados “cascos azules”) han procurado llevar algo de orden al caos pero los esfuerzos ciertamente que han sido insuficientes.

La inestabilidad política es un sello en Haití. Es el único país de América que ha tenido más de 20 gobiernos en 35 años. De hecho, su ejército se disolvió para evitar intentonas golpistas, tan comunes en los años ’90.

El mandato de Jovenel Moïse se caracterizó por las protestas sociales, especialmente en 2019, con miles de personas paralizando prácticamente todas las actividades de las instituciones públicas y privadas del país. Su magnicidio pareciera tener relación con grupos armados que buscaban apurar el fin de su mandato.

A raíz de este grave incidente, los esfuerzos de la comunidad internacional deben redoblarse para procurar entregar paz y seguridad a su población que sí tiene el mérito de ser el primer país en el continente en conseguir su independencia.

Especial Coronavirus

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