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Editorial

Cuarentenas


 Por La Tribuna

Es definitivo. La cuarentena aplicada en el área urbana de Los Ángeles (la zona rural de la comuna solo enfrenta esa condición en los fines semana) no ha funcionado. Así se simple, así de categórico.

Al contrario de lo que se esperaba cuando el Ministerio de Salud anunció su implementación por segunda vez desde el inicio de la pandemia, a contar del 20 de febrero, el número de contagios de la enfermedad no decayó. Muy por el contrario, la curva ascendente se ha hecho mucho más pronunciada en las últimas semanas cuando debería estar sucediendo exactamente lo inverso.

Ha sido tan brutal ese incremento que en la semana pasada se rebasó el centenar de contagios diarios, algo nunca antes visto durante el año pasado en los peores momentos de la emergencia sanitaria.

Las cuarentenas son la medida extrema aplicada por la autoridad de Salud para frenar la movilidad de las personas, mecanismo usado por el virus Sars-Cov-2 para diseminarse. Hace un año que se viene aplicando en el país cuando se tomó tal determinación para algunas comunas de la Región Metropolitana.

A principios de este 2021, el Ministerio de Salud aseguró que las cuarentenas tendrían una duración de cuatro semanas, en el entendido que durante ese periodo se produciría un descenso en el número de contagios. Lo que serían dos semanas de alzas, se comenzaría a revertir desde ese periodo en adelante hasta llegar a niveles más aceptables que permitieran salir de esa medida de confinamiento extremo.

Pero no sucedió así. No en Los Ángeles. Ya está dicho: la curva de contagios fue in crescendo hasta llegar a niveles nunca antes vistos. En la búsqueda de una explicación, suman dos posibles respuestas. Una de ellas tiene que ver con el agotamiento que produce en la población cuando se implementan semejantes limitaciones al desplazamiento. Otra que proporcionó el propio seremi de Salud, Héctor Muñoz, es el relajamiento de la población frente al inicio del programa de vacunación.

Es que el proceso de inoculación ha sido especialmente efectivo y ha puesto a nuestro país a la vanguardia a nivel mundial, pese a ser una nación en vías de desarrollo. Sin embargo, como reza un viejo dicho popular, “en la confianza está el peligro”.

La posibilidad de vislumbrar un retorno a la normalidad a raíz de la vacunación masiva ocasionó que las personas volvieran a reunirse en encuentros familiares o de amigos, que se dejara de lado el uso de la mascarilla, que se olvidara la importancia de un buen lavado de manos o, en su defecto, del uso de alcohol desinfectante.

Sin embargo, las pruebas de semejante descuido están a la vista. Porque no se trata solo de cuántos casos nuevos se suman cada día, sino que de las decenas de personas que atochan las unidades de cuidados intensivos en los recintos asistenciales de la zona. Hasta el lunes, 45 personas luchaban por sus vidas en el hospital y la clínica Los Andes al estar conectadas a un ventilador mecánico. Sin la ayuda de ese dispositivo, simplemente estarían muertos.

Eso, sin contar con las decenas de casos de personas que han muerto en sus hogares, sin atención médica porque simplemente no hay capacidad de atención.

Ese panorama estamos viviendo ahora y sobre el cual hay que tener perfecta consciencia para ser responsables y así evitar que esta tragedia sea aún mayor a lo que ya ha sido.

Especial Coronavirus

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