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Editorial

Soterramiento


 Por La Tribuna

Si hubo algo positivo en las obras de construcción del paseo semi-peatonal de calle Colón fue la habilitación de poliductos para el soterramiento del cableado aéreo, el mismo que pendía desde los postes del tendido eléctrico. La polémica por uno de los proyectos de la trama urbana más discutibles en las últimas décadas – resistido por el impacto y demora durante su ejecución y por estar relacionado al cuestionado contrato entre el municipio y la empresa de parquímetros ECM – hizo perder de vista un avance significativo en materia de estética urbana.

Es que era impresionante la cantidad de líneas de la más diversa gama de servicios, como de telefonía o electricidad – que se observaban a simple vista al pasar por la calle Colón, en la principal arteria vial de la ciudad de Los Ángeles. De hecho, el panorama no ha cambiado en lo absoluto en las calles aledañas.

El aumento y proliferación de los cableados, desde fines de los años ’80, han devenido en un verdadero atentado a la estética de la ciudad. Un espectáculo lamentable que parecía no tener regulación ni control alguno.

Sin embargo, cuando se construyó el paseo semipeatonal de calle Colón que abarcó tres cuadras (desde Lautaro hasta Tucapel), al margen de las dificultades que obligaron a permanentes reparaciones, incluido el riesgo de inundación, sí se construyeron los poliductos, obra necesarias para que los cables desaparecieran del paisaje, al menos en el tramo intervenido. Fue un gran avance pero pasó prácticamente desapercibido.

En los años ’90, el casco céntrico de la ciudad de Concepción fue intervenido por la construcción de poliductos para canalizar de manera subterránea los servicios, como de telefonía y cable, a lo que más tarde se añadió la conexión a internet. No fue una labor nada de fácil y estuvo marcado por las críticas al elevado monto de la inversión y a las complicaciones que ocasionaba una intervención de esa naturaleza en una ciudad siempre muy ajetreada. Sin embargo, los efectos de semejante obra fueron fundamentales para aumentar el valor del casco céntrico, no solo desde el punto de vista de lo estético, sino que también en la posibilidad de los proveedores para contar con sistemas más seguros para ofrecer sus servicios.

Si bien un fallo de la Corte Suprema permite que los municipios retiren los cables en desuso desde la vía pública, lo cierto es que los alcaldes aseguran no tener recursos ni personal para semejante tarea, además de la imposibilidad de identificar a qué compañía pertenece tal o cual cable.

Ciertamente que inversiones como los poliductos son elevadas y debe estar muy abajo dentro de la lista de las principales prioridades para las autoridades de turno, incluso por lo incomprendido que pueda resultar llevar adelante una propuesta de esa naturaleza.

Sin embargo, en la perspectiva de una capital provincial moderna a 20 años plazo – para el tercer centenario de la fundación de la ciudad – ciertamente que se debe avanzar en la formulación de un plan de soterramiento que no solo contribuirá a hermosear su área céntrica, sino que será una demostración de las intenciones de infundirle un marcado acento de progreso, tal cual como se observa en urbes desarrolladas a nivel mundial.

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