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Editorial

Las precursoras


 Por La Tribuna

Hace un siglo, era impensado que la mujer tuviera participación en la actividad pública. Su rol estaba estrictamente circunscrito al hogar, a la crianza de los hijos y, a lo sumo, a algunas labores de beneficencia.

Fueron necesarias varias décadas de luchas, presiones y gestiones –que se iniciaron en el siglo XIX– para que a la mujer se le abrieran los espacios en la sociedad. No fue nada fácil. Cada avance, cada progreso, cada logro, fueron consecuencia de un enorme esfuerzo que tuvo la audacia y fortaleza suficiente para sobreponerse al orden establecido, a una forma de ver a la mujer que la relegó a la esfera privada y la consideraba incapaz de asumir responsabilidades mayores, como desempeñarse profesionalmente o ejercer el derecho a voto.

Desde que Eloísa Díaz ingresara en 1880 a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile y se convirtiera en la primera mujer en cursar estudios superiores en el país, hasta la ley que permitió el derecho a sufragio (1949), consecuencia de la acción de mujeres como Amanda Labarca y Elena Caffarena.

En Los Ángeles y la provincia de Biobío, la participación femenina en política tuvo un gran referente: María Raquel Elena Gutiérrez Ojeda.

Es que, si se toma en cuenta lo conservadora que se ha caracterizado a la sociedad local a lo largo de su historia, ella abrió el camino para que otras mujeres pudieran acceder a cargos de representación popular.

Cuando se les permitió votar y ser candidatas solo para las elecciones municipales, ella fue la primera en hacerlo en los comicios de 1946, esa vez en representación del Partido Radical.

Y, a contrapelo de la opinión de muchos, fue electa regidora en el período 1947-1950. Su arribo fue un hito histórico: fue la primera mujer en llegar al municipio angelino. En 1949, volvió a ser elegida. En los seis años que tuvo ese cargo, también fue alcaldesa subrogante en varias ocasiones.

Su labor social, que cumplía con su esposo, el médico Pedro Cortés –que fue director del hospital por varios años–, le valió el reconocimiento a ambos, quienes fueron declarados hijos ilustres de Los Ángeles en 1962.

Raquel Gutiérrez fue precursora del escaso puñado de mujeres que ha incursionado en la política local desde la década del 40 en adelante. Después vendría Olga Vélez de Porro, elegida regidora entre 1953 y 1956.

Más tarde sería el turno de Ana Paredes de Sauré, quien fue electa en dos ocasiones (1956-1960 y 1963-1967). En la segunda ocasión, fue la segunda más votada entre más de 30 postulantes al municipio. Como si fuera poco, antes de ser regidora, de 1952 a 1956, fue nombrada intendenta  durante la presidencia de Carlos Ibáñez del Campo.

Sin embargo, después de ese grupo de mujeres que dio el primer paso en la política angelina, hubo un periodo de oscuridad que se prolongó por un cuarto de siglo. Recién en las elecciones municipales de 1992 aparecieron varias candidatas en la papeleta de votación, destacando la irrupción de Teresa Stark, que primero fue concejala y después fue alcaldesa en el periodo 1994-1996.

Años más tarde se sumaron, también como ediles, Myriam Quezada, Yasna Quezada, María Barra, Francisca Guzmán y Lidia Martínez. En el caso de la precursora de este proceso, Raquel Gutiérrez, falleció el 26 de marzo de 1975 en Santiago. Sin embargo, en su homenaje, la plaza de juegos infantiles ubicada frente al Easy, en la avenida Vicuña Mackenna, lleva su nombre.

Quizás un recuerdo demasiado exiguo para una mujer que fue una adelantada a su tiempo, que fue capaz de superar estigmas y prejuicios, y que mostró un camino a quienes ahora siguen sus pasos.

Las precursoras

Hace un siglo, era impensado que la mujer tuviera participación en la actividad pública. Su rol estaba estrictamente circunscrito al hogar, a la crianza de los hijos y, a lo sumo, a algunas labores de beneficencia.

Fueron necesarias varias décadas de luchas, presiones y gestiones –que se iniciaron en el siglo XIX– para que a la mujer se le abrieran los espacios en la sociedad. No fue nada fácil. Cada avance, cada progreso, cada logro, fueron consecuencia de un enorme esfuerzo que tuvo la audacia y fortaleza suficiente para sobreponerse al orden establecido, a una forma de ver a la mujer que la relegó a la esfera privada y la consideraba incapaz de asumir responsabilidades mayores, como desempeñarse profesionalmente o ejercer el derecho a voto.

Desde que Eloísa Díaz ingresara en 1880 a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile y se convirtiera en la primera mujer en cursar estudios superiores en el país, hasta la ley que permitió el derecho a sufragio (1949), consecuencia de la acción de mujeres como Amanda Labarca y Elena Caffarena.

En Los Ángeles y la provincia de Biobío, la participación femenina en política tuvo un gran referente: María Raquel Elena Gutiérrez Ojeda.

Es que, si se toma en cuenta lo conservadora que se ha caracterizado a la sociedad local a lo largo de su historia, ella abrió el camino para que otras mujeres pudieran acceder a cargos de representación popular.

Cuando se les permitió votar y ser candidatas solo para las elecciones municipales, ella fue la primera en hacerlo en los comicios de 1946, esa vez en representación del Partido Radical.

Y, a contrapelo de la opinión de muchos, fue electa regidora en el período 1947-1950. Su arribo fue un hito histórico: fue la primera mujer en llegar al municipio angelino. En 1949, volvió a ser elegida. En los seis años que tuvo ese cargo, también fue alcaldesa subrogante en varias ocasiones.

Su labor social, que cumplía con su esposo, el médico Pedro Cortés –que fue director del hospital por varios años–, le valió el reconocimiento a ambos, quienes fueron declarados hijos ilustres de Los Ángeles en 1962.

Raquel Gutiérrez fue precursora del escaso puñado de mujeres que ha incursionado en la política local desde la década del 40 en adelante. Después vendría Olga Vélez de Porro, elegida regidora entre 1953 y 1956.

Más tarde sería el turno de Ana Paredes de Sauré, quien fue electa en dos ocasiones (1956-1960 y 1963-1967). En la segunda ocasión, fue la segunda más votada entre más de 30 postulantes al municipio. Como si fuera poco, antes de ser regidora, de 1952 a 1956, fue nombrada intendenta  durante la presidencia de Carlos Ibáñez del Campo.

Sin embargo, después de ese grupo de mujeres que dio el primer paso en la política angelina, hubo un periodo de oscuridad que se prolongó por un cuarto de siglo. Recién en las elecciones municipales de 1992 aparecieron varias candidatas en la papeleta de votación, destacando la irrupción de Teresa Stark, que primero fue concejala y después fue alcaldesa en el periodo 1994-1996.

Años más tarde se sumaron, también como ediles, Myriam Quezada, Yasna Quezada, María Barra, Francisca Guzmán y Lidia Martínez. En el caso de la precursora de este proceso, Raquel Gutiérrez, falleció el 26 de marzo de 1975 en Santiago. Sin embargo, en su homenaje, la plaza de juegos infantiles ubicada frente al Easy, en la avenida Vicuña Mackenna, lleva su nombre.

Quizás un recuerdo demasiado exiguo para una mujer que fue una adelantada a su tiempo, que fue capaz de superar estigmas y prejuicios, y que mostró un camino a quienes ahora siguen sus pasos.

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