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Editorial

Cambio climático y vinos


 Por La Tribuna

El cambio climático ha traído aparejado una serie de consecuencias, cuya mayor efecto se percibe en la disponibilidad de agua. Los estudios científicos en el país sobre este fenómeno – que se entregaron a fines de la primera década de este siglo – concluyeron que habrá un desplazamiento de la frontera climática en unos 200 a 250 kilómetros al sur. ¿Qué significa? Llevado a la realidad de la provincia de Biobío – y de Los Ángeles en particular -, esto implica que se tendrán las condiciones climatológicas de la zona de Talca o Curicó en cuanto a lluvias y temperaturas.

Dicha situación implica un gigantesco desafío en materia de lo que se debe hacer desde lo público y lo privado para enfrentar una condición que – inexorablemente – será permanente.

Una de las consecuencias ha sido la creación de una política pública para dotar de agua potable a las comunidades rurales, servicio básico para asegurar calidad de vida de la población campesina, a través de un plan de trabajo que lleva adelante el Ministerio de Obras Públicas. Más aún, cuando el recurso escasea o, definitivamente, ya no está.

Sin embargo, una condición así también es una oportunidad para explorar opciones productivas distintas a las que ahora conocemos o, más bien, para sacar a relucir algo que ya existe y que potencialmente, puede ser muy interesante. Nos referimos a la producción vitivinícola en la zona.

Las primeras vides llegaron con los sacerdotes jesuitas que se instalaron en las tierras en manos del imperio español, en los albores del proceso de conquista.

Una de aquellos lugares donde se realizaron las primeras plantaciones fue en Rere, cerca de Yumbel, donde esa congregación religiosa dejó una profunda huella entre los siglos XVII y XVIII.

Justamente en esa zona del secano interior de la provincia se ha llevado adelante un bullente florecer de la actividad vitivinícola, con plantaciones de vides malbec, carignan y, quizás, la más emblemática de todas: la cepa país. Aquellas parras que durante años crecieron en esos suaves lomajes pero que fueron desdeñadas por su origen modesto, ahora se impregnan del sabor y la historia que las precede en sus varios siglos de existencia. Botellas de la cepa país han llegado a exigentes paladares en todo el mundo con singular éxito, incluidas – por ejemplo – las de la viña Cacique Maravilla de Yumbel, en el camino a Rere.

Y tanto como en esa zona, están las de Cabrero, San Rosendo, Laja, Los Ángeles y Nacimiento en que pequeños productores, muchos de ellos con una tradición vitivinícola muy acendrada, le incorporan innovación en las formas de elaboración de los mostos para conseguir vinos de excelencia.

Se trata de una oportunidad única para un rubro que puede ser una alternativa económica que recoge aquello que la tierra nos pródiga con generosidad y que se puede brindar a los más apartados rincones del mundo.

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