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Editorial

Mega-control sanitario


 Por La Tribuna

El dato es tremendamente elocuente. En la jornada del viernes pasado, en el marco del mega-operativo de fiscalización realizado en todos los accesos a la ciudad de Los Ángeles, fueron controladas más de 170 mil personas. Ese impresionante dato – que representa a cerca del 80% del total de la población de la capital provincial – fue la evidencia del esfuerzo de la autoridad sobre la comuna, que está en cuarentena total hace una semana por el sostenido aumento de contagios de coronavirus.
Fue un enorme despliegue realizado por funcionarios de la Autoridad Sanitaria, con el apoyo de efectivos de Carabineros y el Ejército, además de inspectores municipales, destinado a verificar los desplazamientos sin permiso y, de esa manera, poner freno a los contagios en la ciudad que registra el poco honroso honor de tener la mayor cantidad de casos activos en el país, incluso por sobre ciudades como Punta Arenas, Valdivia o Puerto Montt.
Los enormes tacos en los accesos principales fueron la demostración palpable de este esfuerzo desplegado desde las 9 de la mañana y que terminó pasadas las 21 horas, en que se controló a cada vehículo, bus y camión que entró o salió de la ciudad durante esa jornada.
Pese a que en la víspera se filtró, a través de las redes sociales, el plano con los correspondientes puntos de fiscalización, los vehículos circularon masivamente: más de 60 mil fueron controlados por los inspectores.
Al cabo, después de esa fiscalización sin parangón en la historia local, solo hubo 55 sumarios sanitarios por infringir las exigencias de la autoridad sanitaria sobre los desplazamientos. Llevado a porcentajes, eso equivale al 0,03% de las personas controladas.
Esto quiere decir que la inmensa mayoría de las personas circulaba con su autorización en regla. Ya sean los salvoconductos colectivos por motivos laborales o con permisos individuales por algunas de las razones consideradas para tal ocasión, lo cierto es que la bajísima cantidad de personas infringiendo la disposición debe ser observada con cautela.
Porque ciertamente que el reproche no pasa porque la ciudadanía no cumpla lo exigido por la autoridad, que es tener el permiso correspondiente. Las personas – más allá de si falsean o no el motivo de sus peticiones, cuestión imposible de verificar en un control carretero – sí se han atenido a la legalidad.
Sin embargo, en paralelo a estos operativos de control – que deben continuar para propiciar la sensación que se está en cuarentena – es importantísimo ajustar el mensaje a la comunidad.
La pandemia del coronavirus podrá contenerse en la medida en que se frenen los desplazamientos de las personas. Hasta que no se inicie la vacunación masiva, la enfermedad se seguirá multiplicando en la medida en que el Covid 19 se pueda mover. Tres de cada cuatro contagios se producen dentro de los hogares, ya sea por almuerzos de fin de semana, de fiestas y cumpleaños.
La cercanía de las fiestas navideñas genera la necesidad de reencontrarse con la familia y los amigos pero, en un contexto como el actual, el llamado urgente debe estar en evitarlo, en postergarlo para otro momento, para una ocasión más propicia.
Los mensajes deben ser más claros que nunca, más elocuentes que antes: la pandemia la detenemos entre otros, con cuidado, con responsabilidad y con una la de sacrificio que significa postergar los encuentros familiares hasta que sea más seguro.

Especial Coronavirus

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