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Editorial

Presencia policial en comunas


 Por La Tribuna

El planificado y frustrado robo perpetrado al cajero automático de la planta CMPC en la ciudad de Laja volvió a dejar al descubierto la aguda falta de efectivos policiales en esa comuna y en la vecina de San Rosendo.

En el caso de la comuna del papel, su contingente de Carabineros solo suma 25 efectivos, los cuales deben cubrir los requerimientos de orden y seguridad durante las 24 horas, los siete días de la semana, para una población que supera los 20 mil habitantes. Es decir, el promedio de efectivos es de uno cada mil personas.

Lo que es peor es que ese reducido contingente solo tiene un vehículo policial para abarcar a todo el territorio que puede sumar distancias de más de 70 kilómetros entre puntos apartados de la comuna.

El panorama en la vecina localidad de San Rosendo no es tanto mejor. Aunque su población es menor (poco menos de 4 mil habitantes), la cantidad de efectivos es proporcional – en su escasez – a lo que acontece con la comuna vecina. También solo un carro de carabineros debe recorrer el territorio de una alta ruralidad.

Por eso, no extrañó que la banda de delincuentes que protagonizó el espectacular pero fracasado robo al cajero automático instalado en el acceso principal a la fábrica, no se hiciera mayor problema por la respuesta que podía llegar de parte de los efectivos policiales. De hecho, el menguado contingente debe haber sido la parte de la ecuación a la que le tomaron menos relevancia a la hora de planificar el delito, atendido el hecho que con apenas un vehículo policial operativo, era muy poco lo que se podía hacer frente a una eventual búsqueda y persecución. Si hubiese sido distinto, ciertamente que no habrían cometido el delito que incluyó bloquear los accesos por los puentes con barricadas y vehículos quemados.

Por eso, en el esquema delictual se empleó un primer distractor – un vehículo que simuló un accidente de tránsito – que fue el que atrajo la presencia del único carro operativo de los efectivos de Carabineros. El retorno a la ciudad fue interrumpido con decenas de miguelitos que reventaron los neumáticos de varios vehículos y que obligaron a suspender el paso vehicular hasta tener la certeza que la vía era segura.

Los alcaldes de Laja y San Rosendo, Vladimir Fica y Rabindranath Acuña, respectivamente, están absolutamente conscientes de esa realidad que se viene arrastrando hace, o lo menos, unos 20 años en ambas comunas. Y aunque han golpeado las puertas de las autoridades políticas de turno, suelen retornar a sus comunas con promesas. Porque si bien se ha incrementado la dotación policial gracias a programas nacionales, como el Plan Cuadrante –que se implementó en Los Ángeles desde octubre de 2006 en adelante –, hasta ahora la acción se ha concentrado en las urbes más pobladas en detrimento de comunas con menor número de habitantes.

Sin embargo, la delincuencia está en la búsqueda de lugares con resguardo policial escaso para procurar nuevos golpes, como lo sucedido en Laja y años antes en Nacimiento. También está muy presente el problema del narcotráfico que paulatinamente se está instalando en las comunas de menor tamaño. Contar con un cuerpo de Carabineros idóneo y preparado, es relevante en cada uno de los rincones del territorio nacional, lo que debe obligar a reconsiderar la situación de aquellos lugares, como San Rosendo, Quilleco, Tucapel o Alto Biobío (por mencionar algunas comunas de nuestra provincia) que merecen y exigen orden y seguridad.

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