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Editorial

Inversiones públicas


 Por La Tribuna

Es habitual que en tiempos de fuerte contracción económica, como los que se viven de cuando en cuando debido a los vaivenes de un mundo cada vez más interrelacionado, los Estados decidan poner el acelerador en los planes de inversión vial. Desde carreteras hasta puertos y aeropuertos, desde viviendas sociales hasta el equipamiento comunitario para un conjunto residencial.

Se trata de una de las medidas más socorridas por los gobiernos a nivel mundial con el fin de reimpulsar sus respectivas economías, no solo desde el punto de vista de la generación de nuevos puestos de trabajo directos, sino que también para alimentar toda la trama de empresas de servicios que giran en inversiones de ese tipo.

De ahí que en los recientes anuncios del Presidente Sebastián Piñera para recuperar la actividad económica nacional, duramente golpeada por la pandemia del coronavirus, justamente brillarán ese tipo de proyectos, los cuales – si hubiesen seguido su ritmo habitual – habrían visto la luz en los años siguientes.

Sin embargo, con el anuncio del Jefe de Estado, los plazos de la habitual burocracia pública se reducirán al máximo, al punto que en los próximos meses sea posible ver que se inician obras y faenas en distintos puntos a lo largo de nuestra extensa geografía.

Y es gracias a ese impulso que nuestra provincia se verá beneficiada con varios proyectos, algunos de tipo habitacional (aunque todavía no se conozca el detalle de la cantidad de nuevas viviendas) y otros de orden vial.

En ese marco, destaca con nitidez el puente entre Talcamávida y Santa Juana. Si bien el viaducto estará geográficamente en la provincia de Concepción, su mayor impacto positivo será en las comunas del secano interior de la provincia de Biobío, como Yumbel, San Rosendo, Laja, Nacimiento y Negrete. En esos territorios no se trata solo de la posibilidad de activar la dinámica económica con la consiguiente generación de puestos de trabajo, sino que también ayudarán a mejorar la calidad de vida y perspectivas económicas para cientos de familias campesinas que debían resignarse a convivir con el polvo del verano y el polvo del invierno.

Dicen que no hay mal que por bien no venga. De no mediar la emergencia por la pandemia del coronavirus, es muy posible que una obra de esa envergadura (48 mil millones de pesos) no habría visto la luz en los plazos y tiempos que ahora ha dispuesto la autoridad. Lo propio se puede extrapolar en los casos de la construcción de nuevos conjuntos habitacionales, cuyo principal efecto no es solo la contratación de mano de obra, sino que se convierte en una posibilidad cierta que cientos de familias puedan hacer realidad ese anhelo de la casa propia.

Muy probablemente en un par de años más, y ya con otro gobierno al mando del país, recién se estaría evaluando la opción de disponer esa enorme cantidad de recursos para que ambas materias se hagan realidad. Sin embargo, ahora existe la voluntad y el ánimo para que se avance lo más pronto posible, de tal forma que pueda dinamizar la actividad económica, principalmente en lo referido a nuevos empleos.

Especial Coronavirus

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