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Editorial

Ayuda para Alto Biobío


 Por La Tribuna

Hace ya más de 20 años que, antes del arribo del invierno, se distribuye alimento para el ganado de las familias pehuenches de Alto Biobío. Por medio de un trabajo realizado por el Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap), se detectan las necesidades y se pone en marcha una compleja logística para llegar con el alimento concentrado y el forraje hasta los últimos confines cordilleranos.
No se trata de una labor fácil. Hay que tener en cuenta las condiciones geográficas de Alto Biobío que conllevan a una alta dispersión de las familias indígenas. Pero se hace el esfuerzo porque así también se ayuda a mantener las condiciones de vida de un pueblo originario cuya principal fuente de ingresos es la comercialización de ganado mayor y menor.
Esta ayuda es la forma en que el Estado colabora con las familias que hacen soberanía en territorios aislados o de muy difícil acceso. Lo de Alto Biobío se replica en otros lugares del país, como la Isla Santa María, que tiene subvenciones en el consumo de energía eléctrica y traslado marítimo; o en las ciudades más australes, como Punta Arenas o Puerto Williams, las cuales cuentan con apoyo para suplementar el pago de las cuentas de gas para calefacción.
Sin embargo, algo pasó este año que la ayuda en forraje para las familias pehuenches se ha demorado mucho más de lo normal, al punto que los dirigentes indígenas estaban seriamente preocupados y así lo hicieron saber a las autoridades provinciales y regionales.
Es que ya ha nevado intensamente y los caminos están más intransitables a medida que avanza el invierno, el ganado está siendo duramente afectado por la falta de alimento en una época clave para su desarrollo.
Aunque recién ayer desde la Intendencia y la Seremi de Agricultura se confirmaron los recursos para el alimento de más de 44 mil cabezas de ganado y se comunicó el inicio de la logística para su distribución, existe incertidumbre sobre cuándo llegará a sus beneficiarios. Si deberán seguir esperando días o, incluso, semanas y si habrá caminos en condiciones para su traslado.
Se puede entender que el contexto de la pandemia del coronavirus haya retrasado los programas habituales de apoyo debido a que los esfuerzos se han concentrado en la emergencia. Sin embargo, eso no debe ser excusa para llegar de manera oportuna y eficaz con programa de ayuda para las familias pehuenches de Alto Biobío que se realiza hace más de dos décadas, antes del arribo del invierno.
Después del terremoto blanco de 1996 se inició esta política de trabajo que ayuda, básicamente, a salvaguardar una actividad económica de subsistencia.
En ocasiones anteriores, incluso en abril ya se iniciaba la distribución de la asistencia. Hace un par de años, el ex intendente Jorge Ulloa aseguró que todo sería entregado en mayo. La realidad es que este 2020, cuando va quedando poco de julio, recién se están confirmando los recursos.
La ayuda del Estado a las familias pehuenches no es una dádiva. Es un aporte para que éstas sigan preservando sus costumbres y tradiciones y, tan importante como lo anterior, continúen marcando soberanía en esos cerros cumbrereros.

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