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Editorial

Integración con la provincia de Malleco


 Por Juvenal Rivera

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El inicio de las obras preliminares para la construcción de la Autopista Nahuelbuta no solo tienen el mérito de que, en los próximos tres años, un demoroso viaje entre Angol y Los Ángeles se convierta en poco más de media hora de rápida travesía. Es, más o menos, el mismo tiempo que toma ahora viajar desde la capital de Biobío hasta Cabrero, Nacimiento, Tucapel, Laja o Antuco. Ni hablar de Ralco, en la comuna de Alto Biobío, en que la hermosa y accidentada geografía obliga a conducir con mayor cautela.

Pero una obra de esa envergadura no solo tiene la particularidad de unir dos capitales provinciales. En buena medida, la nueva carretera es la confirmación del vínculo histórico que ha unido a ambos territorios que vienen desde los albores del proceso de conquista español.

Es que ambas zonas fueron parte de las villas más septentrionales de la Corona hispana, en el marco de su continuidad territorial dentro del subcontinente. De ahí que Los Ángeles y Angol recibieran denominaciones propias de las zonas más alejadas de los centros del poder, como la Frontera o los Confines, respectivamente.

Pero tampoco se trata sólo de un vínculo histórico. Hay mucho más elementos en común. De hecho, por la estructura económica y social de su población, ambos territorios tienen muchas características similares. La fuente de su riqueza está en las actividades forestal y agrícola y toda la red de servicios asociada a ambos rubros.

A nivel más doméstico, es evidente que buena parte de los habitantes de Malleco, especialmente de Angol y Renaico, realizan sus compras o estudian en alguna de las universidades instaladas en Los Ángeles.
Las provincias no tienen salida a las costas del Océano Pacífico pero, en contrapartida, juntas son parte de la continuidad de ese enorme y fundamental accidente geográfico que es la Cordillera de Los Andes, zona en que habitan las últimas comunidades pehuenches (Alto Biobío y Lonquimay).

En suma, Biobío y Malleco han estado, están y seguirán indisolublemente unidas, vínculo que ciertamente se acentuará aún más cuando comience a funcionar la referida nueva carretera que unirá, en poco más de media hora, a sus respectivas capitales provinciales.

De ahí que no sea descabellado ni un despropósito pensar en una región nueva, una distinta, una que se llame región de Biobío-Malleco. Hasta la fecha, la creación de nuevas regiones ha sido siempre fruto de la escisión de una parte del territorio pero no de la unión de dos provincias de regiones distintas. En todos esos procesos, el punto en común fue el deseo de mayor autonomía en la toma de decisiones que era cercenado por el arraigado centralismo que también se expresa en las regiones, y en la cercanía y sensibilidad con las exigencias de la población.

La provincia de Biobío siempre mira con recelo ese afán centralista y acaparador de Concepción mientras que Malleco reclama desde siempre por la sostenida desidia de Temuco por resolver sus temas locales.

Una idea de este tipo no es solo generar más burocracia, sino que resolver de forma más pronta y eficaz los requerimientos de los habitantes de ambos territorios que, tal como como se reseña antes, viven realidades relativamente similares y homogéneas, y que son distintas de las otras zonas contiguas. 

Ciertamente que los tiempos actuales obligan a poner los ojos en los temas más prioritarios de los habitantes de Biobío y Malleco pero el germen de una nueva región no se activa en dos días. Es parte de un proceso, de una serie de etapas de discusión y análisis que permita poner en perspectiva una idea de esta naturaleza y, si se estima útil y necesaria, seguir el camino hasta su materialización.

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