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Editorial

Sobre rumores y conjeturas


 Por La Tribuna

Como una bola de nieve, el rumor comenzó tenue en la noche del lunes. En la mañana del día siguiente, tomaba la forma de certeza en textos enviados como cadena en grupos de whatsapp, en mensajes de audio y en pantallazos de supuestas publicaciones que se multiplicaban con enorme velocidad en el espacio virtual.

El martes en la tarde no había lugar a dudas. Podía diferir en el día y en las condiciones pero la certeza estaba instalada: En Los Ángeles se iba a aplicar la medida de cuarentena, como una forma de frenar los contagios por el coronavirus.

Sólo había un pequeño problema. Ninguna autoridad lo había informado. Ningún personero de alto nivel en el Ministerio de Salud había comunicado que se pondría en marcha este tipo de acciones restrictivas. Nadie.

De hecho, el propio ministro del ramo, Enrique Paris, había establecido que los miércoles haría los anuncios oficiales en materia de levantamiento o ampliación de las medidas de cuarentena o cordones sanitarios.

Y en el reporte de ese día, solo hubo anuncios para un puñado de comunas de la regiones Metropolitana y de O’Higgins. Nada más.

Al cabo, no era cierto. Fue un rumor, una mera conjetura, una suposición cualquiera, que tomó la fuerza de una certeza que se multiplicó en los miles de habitantes de esta capital provincial que esperaban un anuncio en ese sentido.

Tal cual lo dice la teoría del rumor, fue una afirmación cuyo contenido no es confirmado ni avalado pero que circula como cierta, sin control alguno, en los cientos de boca a boca, en las redes sociales, saltando de pantalla en pantalla hasta convertirse en una enorme e incontenible bola de nieve.

La teoría del rumor señala que para que una información se convierta en rumor, debe tratar sobre algo que la gente considere importante. Lo que es relevante o no, depende de los valores que estén presentes en una comunidad determinada.

Según dicha teoría, esta información se valida y se difunde porque tiene importancia en una comunidad. En el primer caso, además entronca con valores que actualmente se consideran muy relevantes, como la lucha contra el coronavirus. En el segundo caso, chocaría con los valores más tradicionales que todavía sobreviven, especialmente en las personas con más edad.

Cual más, cual menos, los referentes o fuentes eran conocidos de altas autoridades en la municipalidad o en el Minsal que sin querer habían escuchado una conversación al respecto, o que lo infirieron por el movimiento inusual de personas y vehículos.

Divulgar información sin corroborar, sin citar fuentes confiables, sin tener certezas, es un tema delicado. Es incluso un problema de salud mental. Tal como ocurrió en los días posteriores al terremoto del 27 de febrero de 2010 cuando se conjeturaba que otro movimiento telúrico de mayor envergadura aún, este tipo de suposiciones, de versiones sin confirmar, solo ocasionan miedo y preocupación en parte de la población que sufre verdaderos cuadros de angustia, ansiedad y estrés.

A pesar de los cuestionamientos por el rol que pueden cumplir los medios de comunicación en tiempos de crisis, son éstos los más indicados para confirmar o descartar la puesta en marcha de medidas de ese tipo. Porque es parte de su labor recoger el antecedente y hacer las verificaciones de rigor antes divulgarlo como una certeza.

En esta época de emergencia, el llamado a la responsabilidad debe ser aún mayor, no solo en cuidarnos y tomar los resguardos para prevenir los contagios del concid-19, sino también en no darle pábulo a los rumores y conjeturas que solo provocan miedo y desconcierto.

Especial Coronavirus

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