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Editorial

La mano extranjera


 Por La Tribuna

En  medio de tanta información surgida en estos dos últimos meses, había pasado casi inadvertida una entrevista que el Presidente Sebastián Piñera dio a la cadena internacional en español de CNN, el 15 de diciembre. Durante las demandas sociales, el Mandatario sólo ha dado contadas entrevistas y esa fue una de ellas. Allí mencionó que existe una “mano extranjera” detrás de los videos e información que aparecen en las redes sociales. Según el Presidente, con ello se busca “provocar más desorden, más manifestaciones, más descontrol, más desobediencia civil y para castigar o hacer perjudicar al sistema político chileno (…) Ahí participan grupos en nuestro país, como por ejemplo narcotraficantes, anarquistas, pero también hay una mano extranjera”.

El Presidente añade que “ha habido poca capacidad de los medios de comunicación de verificar la verdad”. Cita como ejemplo el video y la información que surgió tras la muerte de José Miguel Uribe, en Curicó, quien supuestamente había sido asesinado por un militar. Más tarde se comprobó en la Justicia que no era así y que fue un empresario el autor de la muerte de Uribe.

Si esa influencia existe, sería imperioso que el Presidente la comunicara de manera frontal al país y que tuviera detrás suyo un respaldo importante para tan grave afirmación. En la misma entrevista, cita a un estudio de “millones y millones de comunicaciones a través de redes sociales” pero, al tratarse de una entrevista previa al episodio “big data”, no se puede determinar si se trata del mismo estudio que parte de su gabinete ya desestimó y negó haber pedido o si existe otro todavía secreto.

Es más urgente la aclaración cuando desde el Ministerio Público el Fiscal Nacional dijo que en Chile “no tenemos esa situación” y que entidades independientes como Amnistía Internacional y el Instituto de Derechos Humanos tienen equipos que han sido premiados por su trabajo en la materia de comprobar la veracidad de fuentes. De hecho, ambas áreas tienen estándares que dejan fuera incluso material que, pareciendo real, queda fuera de análisis si no pueden comprobar que sea cierto o haya ocurrido en el lugar y fecha mencionada.

Atacar la veracidad de los argumentos, cuando sobre ellos se han basado verdades tan grandes como la de las violaciones a los derechos humanos durante este periodo, es pasar por encima de quienes han sido afectados por estas conductas del Estado y es poner un obstáculo más a escuchar y entender las demandas de la ciudadanía.

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