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Editorial

Un país distinto, lleno de esperanzas


 Por La Tribuna

Arturo Ledezma,
Periodista Diario La Tribuna

Durante lo que va transcurrido del estallido social chileno en este 2019 el país ha cambiado. Y dentro de ese contexto cada ciudad, pueblo, o localidad, ha sufrido no sólo las consecuencias habituales del desgaste económico y de la fatiga de las políticas públicas, sino que también el efecto de una ciudadanía que se organizó, y que salió a marchar para exigir por demandas transversales que son el eco de un malestar acumulado por años.

Dentro de ese contexto en la provincia de Biobío, y específicamente en la ciudad de Los Ángeles, se ha vivido una tranquilidad que contrasta con el clima de violencia, represión, violaciones a los DDHH y destrucción, como ha ocurrido en la Región Metropolitana, Valparaíso o Concepción.
A mi juicio el actuar de las fuerzas policiales y militares ha sido amparado por pésimas decisiones presidenciales.
Acá en la provincia, los movimientos ciudadanos han llevado a cabo manifestaciones y marchas que son el resultado de un importante carácter cívico. El que es una muestra representativa de que en las comunas la gente no sólo está descontenta sino además informada.
Dentro de ese espíritu democrático, por ejemplo, hace tan sólo unas semanas se desarrolló una gran marcha que reunió a miles de personas en un acto inédito, sorprendente, esperanzador.
Dado lo anterior es que los desórdenes ocurridos en el sector centro de la ciudad de Los Ángeles, donde se rompieron locales comerciales y se realizaron actos de vandalismo en la vía pública, mostraron esa cara dolorosa que, detrás de una capucha, no dice nada de lo que quiere la gran mayoría del pueblo chileno que es, precisamente, un cambio social que nazca desde la educación cívica, la acción pacífica y el respeto por los derechos humanos.

Al momento de escribir estas líneas han pasado 64 días del inicio, y contamos con la lamentable cifra de más de 350 víctimas de lesión y mutilación ocular en el contexto del estallido social.
En estos días hemos visto un país que se ha modificado y cambiado a razón de las demandas de la sociedad civil. Y las imágenes que van sumándose desde hoy y hacia el futuro a razón de este movimiento histórico, no han sido únicamente la de los desmanes o los saqueos, sino que la fotografía importante es aquella que muestra a millones de personas manifestándose y “caceroleando” juntas con el objetivo común de cambiar el país que, desde la vuelta a la democracia y hasta hoy día, ha sido víctima de promesas políticas deficientes; desigualdad económica y social; un sistema de pensiones injusto; y una educación que todavía es un privilegio y no un derecho.

Si bien hasta antes de este movimiento sólo supimos unirnos como ciudadanos a través de algunos logros (teletón, fútbol, rescate de mineros), hoy sabemos que aprendimos a juntarnos desde todos los colores sociales, étnicos, futboleros y urbanos, para exigir que la clase política y la élite económica dejen de trabajar desde un espacio distante y distinto al nuestro.

Este fin de año termina con un nivel insospechado de expectativa respecto del futuro y, sólo sabemos que como ciudadanos, tenemos la esperanza y la energía para que ojalá estos episodios de violencia como el que se vivió en Los Ángeles no sean una rutina que opaque hasta borrarlo, como en otras ciudades, el tremendo logro de este movimiento social que ha despertado y cambiado para bien a los ciudadanos de Chile.

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