jueves 09 de abril, 2020

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Editorial

Orden público


 Por La Tribuna

Tras más de cinco semanas de manifestaciones ciudadanas, ya es claro que el movimiento de reivindicaciones sociales, de derechos e igualdad, derivó por un camino, mientras que el de la violencia derivó por otro.

Unir ambas partes del estallido social es injusto con el primer grupo, que se queja con todo derecho de la desigualdad y los abusos que ha venido soportando desde hace décadas. Por el otro lado, el robo, la violencia, los incendios, son una materia que se acerca más al lado de la crónica policial que al área social. Y debe ser enfrentada de esa manera.

El gobierno y los políticos oficialistas han intentado, salvo excepciones, unir en su discurso a estos dos fenómenos, ofreciendo respuestas para uno y para otro dentro de las mismas condiciones y como parte de los mismos denominados “acuerdos”. Así, mañosamente se intenta hacer ver que quienes piden una jubilación más justa son las mismas personas que más tarde, amparados en la oscuridad, buscarán saquear o incendiar locales comerciales. No es así, y quienes han estado en la calle al menos en una protesta pueden dar fe de ello.

Por eso aparece la perplejidad ante la imparable violencia, la cual debe ser condenada sin ningún complejo ni letra chica. Y así mismo debe ser combatida. Pero ahí parece que las fuerzas de orden se están viendo completamente sobrepasadas e incapaces de realizar la tarea para la que fueron concebidas. 

El senador Felipe Harboe entregó un interesante punto sobre la razones de esta incapacidad para detener la violencia que han tenido las fuerzas de orden y seguridad. En una entrevista en un canal nacional, el parlamentario dijo que el descabezamiento de la institución luego del escándalo del montaje de la Operación Huracán significó un gran golpe para la institución. Fue mediáticamente muy beneficioso para el Presidente, pero complicó de sobremanera a la institución, quedando varias áreas sin mando. Luego de eso, según Harboe, se instaló en la Agencia Nacional de Inteligencia a un político y no a una persona de carácter técnico como necesita esa institución. Ello, que fue corregido ahora después del inicio de la violencia, colaboró para tener una deficiente respuesta.

Las medidas que se anuncian, como llamar a carabineros en retiro o adelantar las graduaciones de los estudiantes, pueden ayudar a hacer crecer el número de efectivos en las calles. Por otro lado, la asesoría extranjera que se está prestando puede llegar a ser muy útil. Lo que es cierto también es que la violencia no se detendrá si no se cambia la estrategia de combate, y quizás eso pasa por una reformulación completa de los protocolos de la institución.

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