sábado 20 de julio, 2019

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EDICIÓN IMPRESA

Editorial

Políticas extranjeras aplicadas a Chile


 Por Sebastián Carrizo

Ya parece una constante que alguna política pública que los políticos buscan implementar en Chile proviene, y ha sido aplicada con éxito, en algún país escandinavo o en Estados Unidos. Los halagos a los sistemas educacionales de Finlandia, Islandia o Suecia son cosa común por estos lados e incluso eso ha obligado a los medios de comunicación a poner sus ojos sobre esas realidades tan lejanas para tratar de aventurar cómo sería si se aplica en el país.

No es una mala política, de todos modos. Históricamente lo que ha resultado en un lugar hace noticia y se transforma en objeto de estudio para otros. Incluso Chile ha sido visto como caso de éxito por una política auténticamente nacional, como es el sistema de las AFP. El resultado que esta “copia” ha tenido en el país ha sido dispar: hay buenos ejemplos que, tras ser bien aplicados a la realidad nacional, han dado buenos frutos, como Chilecrece, el sistema de protección social, la Alta Dirección Pública, el Sistema de Admisión Escolar y otros.

Por otra parte, la evidencia indica que cuando el Estado chileno ha sido el creador de la política, esta es más cuestionada. Pasa, por ejemplo, con la política de descentralización del país, la que ha tenido baches, críticas y, en general, pocas medidas concretas.

En este punto existe un tema clave para la adecuación de políticas extranjeras. Claramente la aplicación al contexto chileno es lo central, pero entendido desde la efectividad del gobierno y no desde alguna característica particular que pueda identificar a los habitantes del país. Dicho de otro modo: no es el chileno o la chilena el culpable de que la política finlandesa de educación no vaya a funcionar, sino la poca efectividad que tiene el Estado para implementarla.

La Universidad de Oxford tiene a su disposición el Índice Internacional de Efectividad del Estado para unificar datos que ayuden a los países a determinar la performance de su aparato. Allí, Chile aparece con un índice sobre el promedio en cuanto a hacer las políticas, pero muy bajo en cuanto a la regulación, la administración de impuestos y el tratamiento de las crisis y los riesgos.

Así, es objetivo del Estado y obviamente el gobierno de turno trabajar para mejorar en la aplicación a la realidad nacional de los buenos ejemplos. Algunos de esos ítem son el bajo entrenamiento que tiene el aparato estatal en cálculos o escritura, la capacidad de resolver problemas y la iniciativa para tomar de manera independiente las decisiones.


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