sábado 20 de julio, 2019

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EDICIÓN IMPRESA

Editorial

Violencia en las redes sociales


 Por Sebastián Carrizo

Sorprendió a muchos la frialdad con que el portero Gabriel Arias enfrentó al periodista del Canal del Fútbol que lo entrevistó después de la espectacular clasificación a semifinales de la selección chilena en la Copa América, después superar a Colombia en los lanzamientos penales. En ese momento, Arias, nacido en Argentina, dijo emocionado tras ese partido que recibía muchas críticas a través de las redes sociales y pidió respeto por su familia, porque son “quienes lo viven más de cerca”.

“Ojalá podamos terminar esto de la mejor manera”, dijo el meta para finalizar su intervención. En paralelo, en las redes sociales se generó un movimiento a favor del exjugador de Unión La Calera para terminar con los ataques y entregarle el respeto que cualquier persona se merece, por más que sea pública y tenga un puesto que de por sí genera mucho comentario. Lo que Arias no sabía es que sólo seis días más tarde su desempeño en la cancha estaría en el centro de la discusión deportiva y ese apoyo inicial se transformaría en crítica feroz.

Feroz al punto de que su hijo recibió comentarios ofensivos en su cuenta de Instagram. De hecho, el mismo portero optó al día siguiente de la derrota ante Perú en Porto Alegre, que dejó a La Roja fuera de la pelea por el título de la Copa América que se disputa en Brasil, por cerrar su cuenta de Instagram para dejar de recibir los comentarios que se sucedían a cada momento.

Más allá de su rendimiento en la cancha, no se puede tolerar que el insulto sea parte del mundo del fútbol. Insultar desde la tribuna se parece mucho a insultar hoy desde las redes sociales: se esconde la voz entre la multitud y, muchas veces, se amplifica una respuesta que quizás jamás se daría cara a cara. Porque pareciera que las relaciones cara a cara son diferente de las relaciones en las redes sociales, o un mundo aparte, donde las reglas sociales son otras, más laxas, de menor sentido común.

La cuestión en medios digitales es que se está dando un fenómeno que había quedado en el pasado: La humillación pública. Se trata de un tipo de tortura, ya que busca menoscabar la dignidad del ser humano y queda de manifiesto a través de memes, funas e insultos de todos los calibres. Estudios indican que el cerebro capta esos ataques de la misma forma que si hubiesen ocurrido de forma física. Por eso es necesario trabajar en la prevención temprana para terminar de una vez por todas con los ataques a las personas a través de las redes sociales. 


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