lunes 22 de julio, 2019

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EDICIÓN IMPRESA

Editorial

Deterioro del debate público


 Por Sebastián Carrizo

Muchos se sintieron legítimamente ofendidos cuando el ahora exentrenador de Iberia, Roberto Rojas, habló de los “pelagatos” que día a día los increpaban desde la tribuna cuando su equipo no lograba los resultados esperados. Las respuestas que recibió a través de las redes sociales no fueron más templadas tampoco. Por otra parte, la senadora Jacqueline van Rysselberghe provocó airadas reacciones cuando atacando precisamente el nivel del debate público tildó de “patipelados” a quienes criticaban el trabajo de los servidores públicos.

Son dos muestras que pueden haber quedado en el ámbito de lo jocoso. Pero más grave es la funa que se intentó hacer a la ministra Marcela Cubillos en el cementerio cuando, según se reportó, ella participaba de un velorio. Se ha dicho que no es lugar ni el momento para hacerlo, pero la verdad es que tampoco es la forma.

El debate público se ha deteriorado al punto de que estas formas de expresarse se están volviendo común y alejan el foco de los problemas de fondo. La respuesta desde la coalición de gobierno tampoco está a la altura: el diputado Luciano Cruz-Coke trató de “primate suelto” a la profesora que realizó la funa y, en el mismo tema, la ministra Cubillos invitó con dureza al presidente del Colegio de Profesores, Mario Aguilar, a una reunión en La Moneda. “Ahora veremos si el Colegio tiene voluntad real de terminar este paro”, fue parte de lo que publicó en redes sociales. No parece forma de invitar a alguien a dialogar y menos parece tener la voluntad de arreglar algo. Más bien parece la intención de enterrar una estaca para detener el retroceso del gobierno en la materia y poder tener más tarde una cuña para articular una contraofensiva.

Desde tiempos inmemoriales que la gente ha hecho lo que está a su alcance cuando considera que su causa es justa. Así se han producido conflictos de todo tipo. Pero caer en la cultura del descrédito del diálogo, la ofensa y hasta de la agresión parece estarnos llevando hacia el lado contrario a lo que es un país desarrollado, con instituciones en pleno funcionamiento.


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