lunes 19 de agosto, 2019

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EDICIÓN IMPRESA

Editorial

La seguridad como moneda política


 Por Sebastián Carrizo

Hace dos semanas, el país se enteró de la terrible noticia de un estudiante de Puerto Montt que fue baleado por otro integrante del establecimiento educacional, quien según los primeros reportes tenía intenciones de realizar una matanza al estilo de las ocurridas en Estados Unidos, según se pudo establecer por la carta que escribió antes de ir al lugar. Inmediatamente, el Presidente Sebastián Piñera le dio máxima celeridad a la idea de aprobar la modificación a la Ley Antiterrorista y el proyecto de control preventivo de identidad, que incluye a menores a partir de los 14 años. Esto tras el lamentable hecho en Puerto Montt y ataques incendiarios registrados en Biobío en las últimas semanas.

A juzgar por la oportunidad en la que se presenta el impulso al proyecto, en momentos en que Piñera asegura que “la inmensa mayoría de los chilenos quieren vivir en paz”, se pretende aprovechar ese interés para presionar a los parlamentarios a aprobar las leyes o enfrentar la responsabilidad pública si no lo hacen.

El Presidente tiene razón en una cosa: la mayoría de los chilenos quiere vivir en paz. Es más, probablemente todos los habitantes del país quieran eso, sin distinciones. Sin embargo, el riesgo de apurar la aprobación de una ley antiterrorista por un evento particular es que lo aprobado responda justamente al momento pero no se adapte al futuro, como debería ser cada ley que se dicte en la República.

Otro proyecto, aquel de la revisión de mochilas a los estudiantes, o el control de identidad a los jóvenes de 14 años, también se ponen a la fila después de estos incidentes delictuales.

Por el otro lado, la abstención de los diputados del Frente Amplio en la votación por el proyecto que condena con más dureza los denominados “portonazos”, que dicho sea de paso nació como respuesta a un grave hecho ocurrido en enero en el que murió un joven en Santiago víctima de un violento portonazo, es poco comprensible.

Tal parece que la seguridad y la violencia pública se utiliza como botín para lograr figuración y más votos en las elecciones.    


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