martes 18 de junio, 2019

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Editorial

La salud sigue teniendo problemas crónicos

Alejandra Sánchez Ocampo, periodista de La Tribuna


 Por La Tribuna

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Sin duda, los recursos tecnológicos y de especialistas han crecido exponencialmente en la última década, pero todavía es una realidad que enfermarse en Chile, sobre todo de una patología catastrófica o de tratamiento permanente, se vuelve un problema crónico.

Esta semana Diario La Tribuna dio a conocer el caso de la pequeña Nelly, lactante con atrofia muscular que para mantenerse con vida, requiere de un costoso tratamiento, inalcanzable para el bolsillo de cualquiera. Su familia apeló a todos los medios existentes y finalmente, por medio de un fallo judicial, se logró que el hospital angelino gestionara dicho tratamiento.

Si bien es un caso extremo, cada vez es más común conocer historias similares, donde familias, amigos y comunidades hacen esfuerzos para que su ser querido viva o mejore su calidad de vida, afectada por alguna enfermedad. No es algo ajeno, es transversal a cualquier nivel socioeconómico, ya que no se puede desconocer que la salud en Chile sigue siendo costosa.

Hablamos de algo crónico, ya que no solo afecta a la persona enferma, sino a todos quienes están en su entorno, quienes ven cómo la salud de la persona se va deteriorando, recurriendo a todas las instancias para que reciba el tratamiento necesario y esperando muchas veces largos periodos para recibir una respuesta concreta, la que en muchos casos no es favorable.

Si bien se han hecho esfuerzos importantes en el área como el Auge o la Ley Ricarte Soto, estas solo cubren determinadas enfermedades. ¿Y qué pasa con las que no están dentro de estas iniciativas?

A lo mejor la situación pasa por un tema de gestión; se requiere de un buen plan que permita optimizar el uso de los recursos y procesos, enfocados netamente en garantizar la salud de las personas. Y esto, para todos por igual, sin depender del sistema de previsión que tengan, donde actualmente tanto el acceso como las condiciones para los pacientes son desiguales.

Y sea en el centro de salud o atención que sea, privado o público, los médicos deberían diagnosticar y otorgar el tratamiento que efectivamente puede dar un grado de mejoría; no pueden dejar de hacerlo, como fue en el caso de Nelly, cuya madre tuvo que acudir a instancias mayores para que su hija recibiera el medicamento recetado por su médico.

En primera instancia, se le indicó que el tratamiento debía ser recetado por un profesional del complejo y con medicamentos que están dentro de su abastecimiento, por lo que no estaban obligados a suministrarlo. ¿Dónde queda entonces la garantía de salud para todos?

Sin duda, este es un tema que da para una larga discusión con diversas aristas, un tema sensible para todos con un acceso a la salud que, lamentablemente, sigue siendo desigual.


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