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Editorial

¿Qué estamos esperando?

Marcela Vidal Rebolledo, periodista Diario La Tribuna.


 Por La Tribuna

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Hace un par de días una noticia causó rabia e indignación en la comunidad de la provincia, y es que nadie imaginaba que a tan solo días de la muerte del pequeño Eduardo en Paillihue, el principal responsable de su muerte quedara en libertad.

Todo esto, luego de la deliberación judicial, donde manifestaron que los datos de la investigación no eran suficientes para determinar la responsabilidad del principal inculpado por este crimen, que ocurrió a pocos meses que este pequeño cumpliera dos años de vida.

En este caso, sólo cuatro personas son las que conocen la realidad de los últimos días de vida de este menor, que fue encontrado por funcionarios de Carabineros y PDI con distintos hematomas internos y externos.

Desde la determinación de libertad el pasado 6 de diciembre, la justicia no se ha manifestado. El acusado se encuentra libre, la madre del menor no ha revelado otra declaración al respecto que explique qué sucedió con este pequeño y las personas que convivían con la víctima ya entregaron su testimonio.

A ocho días de esta deliberación hay muchas personas que claman por justicia, entre ellos los abuelos y su padre, quienes esperan por respuestas para conocer quién es el responsable de terminar con una vida, que comenzaba a iluminar día a día con alegría a su familia.

No es mucho lo que exige la sociedad respecto a este delito que no ha dejado indiferente a ningún padre, madre, hermano o todos quienes sabemos de los derechos de los más inocentes, los niños. Simplemente se exige justicia.

Rectitud para todos aquellos que tuvieron que ver la muerte de un ser indefenso, que en cada una de sus horas de vida lo único que pedía era amor que alguien no supo entregar, por poca experiencia, falta de cuidado, o simplemente egoísmo.

Esto ha causado sin duda que muchas personas una vez más juzguen el proceso judicial por los procesos extensos y la falta de rigor ante estos crímenes.

Los Ángeles y su gente no se han quedado mudos, han manifestado dolor e impotencia, mientras todas estas personas continúan realizando su vida con una normalidad desconcertante, sin embargo en muchos no cesa el dolor y la incertidumbre de saber ¿Qué pasó realmente con este menor en  sus últimos días de vida?, ya que claramente no es un accidente, es un delito que no debe quedar impune y requiere ser indagado hasta el último minuto que le costó la vida a este ser indefenso.

Por eso, la pregunta y el planteamiento es sencillo ¿Cuánto más vamos a esperar para que alguien haga justicia para el pequeño Eduardo o simplemente tenemos que continuar aguantando la burocracia?

   

  

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