martes 20 de agosto, 2019

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Editorial

Lo dijo Harboe y tiene razón: es hora de atrapar a los grandes narcotraficantes

Sabido es que en otros países, la comercialización de drogas, ha permitido comprar políticos, policías, empresarios y otros. Esperemos que nuestro país, no esté cayendo en estas prácticas porque estarían condenando a sus habitantes a un futuro nefasto.


 Por LESLIA JORQUERA

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La semana pasada el senador por la circunscripción Biobío cordillera, Felipe Harboe, estuvo en el programa “Stock Disponible”, en donde tuvo una declaración en la que nadie podría estar en desacuerdo.

El parlamentario dijo que “mi percepción, no sé si el Estado de Chile, pero la droga ha penetrado espacios de poder relevante, porque hace cuánto que no escuchamos el desbaratamiento de una banda de verdad, del narcotraficante, que hace el lavado de activos. Hace cuánto que no se desbarata una banda de esas, en cambio se ha privilegiado ir en contra de quien vende el papelillo, pero el que hace el verdadero daño en la sociedad es el que importa la droga, el que lava dinero de la droga, el que hace economía de la droga. Se han encendido todas las alertas”.

El aumento en el consumo de estupefacientes por parte de la sociedad tiene cifras alarmantes. Incluso, se le perdió la vergüenza al uso de estas en espacios públicos, porque pareciera no importar. Si usted pasa a cualquier hora del día por la Plaza de Armas de Los Ángeles, Laguna Esmeralda o Plaza Pinto – los lugares más emblemáticos de la capital provincial – no tardará en ver a jóvenes con cigarrillos de marihuana.

El accionar policial durante este año, al menos relacionado a lo que señala el senador, tiene bastante de cierto. Lo que nos hemos acostumbrado a ver en las crónicas rojas, son procedimientos de baja importancia, donde los dealer de barrio son arrestados. Pero los grandes operativos, hace tiempo dejaron de estar en la opinión pública.

Esta situación es preocupante. La percepción del senador, también está instalada en un grupo importante de la sociedad. Sabido es que en otros países, la comercialización de drogas, ha permitido comprar políticos, policías, empresarios y otros. Esperemos que nuestro país, no esté cayendo en estas prácticas porque estarían condenando a sus habitantes a un futuro nefasto.

Ante esto, los procesos investigativos y las denuncias oportunas son claves. Sin embargo, el trabajo policial no se puede quedar sólo en la detención del vendedor de papelillos, debe agudizarse para encontrar a los grandes distribuidores.

La pasta base y la cocaína, se han insertado con fuerza en la sociedad y no podemos seguir poniéndonos la venda en los ojos. Basta conversar con trabajadores, funcionarios públicos, profesores, que realizan sus labores en los sectores más vulnerables de la sociedad, para que los relatos de niños, jóvenes y adultos en torno a esto, sean algo común.

Por ello, la justicia, la fiscalía, y el gobierno deben dar una batalla ardua para comenzar a apresar a los cabecillas de las bandas organizadas y no sólo a quienes son fáciles de apresar.


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