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Editorial

La poca estabilidad del gobierno en el Biobío

La desprolijidad para escoger a las autoridades del Biobío se debe detener. Todo tiene un límite y alguien debe asumir la responsabilidad de esto. La región requiere mayor preocupación y liderazgos comprometidos, no más renuncias, divisiones partidarias o “motivos personales”.


 Por La Tribuna

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 Cuando un Presidente gana una elección tiene una misión demasiado compleja: establecer a su equipo de confianza. No se trata sólo de los ministros, sino que de subsecretarios, intendentes, gobernadores, seremis, embajadores y tantos otros que se alinearán a las tareas planteadas en los programas de gobierno.

Por esta razón, los partidos políticos y los parlamentarios, tienen la misión de contribuir en la búsqueda de los perfiles idóneos para que se pueda dar estabilidad y funcionamiento a cada área del gobierno.

Ahora bien, llevado esto a la región del Biobío, podemos decir con certeza, que esto no ha funcionado como corresponde, lo cual es lamentable.

Sin ir más lejos, en la provincia de Biobío hemos sido testigos presenciales de este desorden. A poco del 11 de marzo, se nombró a Cristian Fuentes como gobernador de este territorio de 14 comunas, sin embargo, para mala suerte de él, no contó con el apoyo de la senadora Van Rysselberghe, quien salió públicamente a restarle su apoyo. Todo esto desencadenó en su bajada. Luego llegó el nombramiento de María Teresa Browne, quien asumió su trabajo en la provincia asegurando que estaría en sus funciones mientras el Presidente lo estimara. Pero la historia fue muy diferente a ello y, a las pocas semanas, esgrimiendo motivos personales, se retiró, dejando otra vez el cargo sin líder. Nuevamente los partidos disputando ese sillón, determinaron que Ignacio Fica, ocuparía el cargo. 

La historia sigue. A nivel regional, el nombramiento de los seremis de Desarrollo Social, Energía y Hacienda fracasó a pocas semanas de asumida la administración, levantando las alertas de la oposición y la evidente división en el oficialismo, tanto en las internas de los partidos, como entre los que componen Chile Vamos.

Llegó septiembre y nada cambió. El gobierno le pidió la renuncia al entonces seremi de Energía, Rodrigo Torres, en una polémica que nunca se entendió claramente.

En octubre, hace pocas semanas, María Alejandra Porter fue nombrada en Energía. Pero el traspié para el gobierno nuevamente llegó y la designada no quiso asumir.

La gota que rebalsó el vaso llegó ayer. El seremi de Salud, Erick Jiménez, presentó su renuncia, debido a que, según se ha indicado, no logró comprobar las horas clínicas para asumir el puesto. Es suficiente.

La desprolijidad para escoger a las autoridades del Biobío se debe detener. Todo tiene un límite y alguien debe asumir la responsabilidad de esto. La región requiere mayor preocupación y liderazgos comprometidos, no más renuncias, divisiones partidarias o “motivos personales”.

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