miércoles 16 de octubre, 2019

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Editorial

No nos pongamos odiosos

Hay que tener ojo con los métodos que estamos usando para plantearnos, ¿acaso está bien odiar a una persona que piensa ideológicamente distinto? ¿Es normal que un liberal ataque a un conservador por su estilo de vida o viceversa? Aprendamos a ver el vaso medio lleno y a encontrar los puntos en común que nos hacen grandes como sociedad y no a esmerarnos en lo contrario.  


 Por LESLIA JORQUERA

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Los tiempos están evolucionando a una sociedad donde las diferencias sean aceptadas y donde todos tengan cabida. Quizás, lo que se ha tomado más los espacios en la opinión pública es la lucha de la mujer por buscar mayor inclusión e igualdad en distintas materias. La forma en que se está haciendo es tema de debate, pero el fondo de las demandas es absolutamente respetable y entendido por la gran mayoría.

Lo mismo ocurre en materia de diferencias sociales, políticas y religiosas. No obstante, pareciera que los grupos que luchan por esta igualdad, prontamente se vuelven intolerantes y poco democráticos. Esto porque cualquier persona que no piensa como ellos, que quieren mantener lo anterior o buscan aplicar otras formas diferentes de entender el mundo, son inmediatamente discriminados.

Parte de querer plantear nuevos cambios, es entender que el mundo es diverso y hay quienes prefieren mantener otro estilo de vida. Si una mujer amamanta en la calle, no faltan quienes se ofenden y atacan. Hasta en las situaciones más absurdas. Los titulares del tipo “internautas lapidan fotografía de modelo por x motivo”, se transforman casi en tema país. No sólo en estos casos, hay magnitudes mayores, donde quien piensa diferente, de derecha, izquierda, centro o revolucionario, inmediatamente es anulado… destruido. ¿Qué tolerancia es esa?

Parece que imponer estilos de vida, se transforma en un acto de intransigencia y eso no puede ser así. El respeto por el valor humano debe primar siempre. Si alguien quiere vivir de una manera en particular y le quiere dar esa enseñanza a sus hijos, ¿por qué quitarle ese derecho? Si otra persona difiere y busca otra forma, entonces ¿quién soy yo para decirle que no puede hacerlo? Si hasta Dios invita al libre albedrío.

Hay que tener ojo con los métodos que estamos usando para plantearnos, ¿acaso está bien odiar a una persona que piensa ideológicamente distinto? ¿Es normal que un liberal ataque a un conservador por su estilo de vida o viceversa? Aprendamos a ver el vaso medio lleno y a encontrar los puntos en común que nos hacen grandes como sociedad y no a esmerarnos en lo contrario.

Vivimos preocupados de quienes están alrededor y pretendemos aplicar nuestra forma de convivencia a una generalidad. Sea cual sea la doctrina, no se puede imponer. El respeto y la igualdad requieren de una sociedad unida, no de una en donde el odio, las divisiones y el egoísmo se alimentan cada vez con más fuerza, casi como una habitualidad tolerada.

Si usted es parte de las fuerzas vivas que están en las luchas sociales, haga que prime el respeto y especialmente por quienes no piensan como usted. Dé el ejemplo.

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