martes 10 de diciembre, 2019

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Editorial

Ruidos que hablan

Juan Pablo Vergara, periodista Diario La Tribuna.


 Por LESLIA JORQUERA

17-08-2018_17-19-001__juanpablovergara

“Caminaba por la calle con mi padre cuando era niño y, de pronto, me preguntó: Andrés, además del canto de los pájaros, ¿escuchas algo más en esta calle? Sí -le contesté-, el ruido de una carreta. Muy bien –me dijo-, es una carreta y está vacía. ¿Vacía? –dije- ¿Cómo lo sabes?. Mi padre, casi sin pensarlo, respondió: muy fácil… cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace”.

Este extracto pertenece a un libro, cuyo autor no recuerdo. Quise introducir con ella la presente editorial para invitar a los lectores a realizar un ejercicio muy simple: el de relacionar la reflexión que brota de este minúsculo párrafo, con situaciones cotidianas con las que podemos encontrarnos a diario.

En mi caso, partiré replicando la misma que aparece a continuación del texto citado: “Desde entonces, cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo, siendo inoportuna, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y menospreciando a la gente, me parece oír la voz de mi padre diciendo: ‘cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace’”.

El desafío a partir de ahora es que usted como lector haga sus propias vinculaciones. Por mi parte, comenzaré equiparando el ejemplo dado al de un conductor o conductora al volante, que se pasea con su vehículo por una transitada vía, escuchando música con un nivel de volumen que sobrepasa los decibeles para una persona que sólo busca compañía en ella.

O al de aquella ruidosa y asfixiante publicidad que a diario nos invade de distintas formas y que sólo busca empujarnos al consumo o adquisición de productos, bienes y servicios que tal vez ni siquiera necesitamos, pero que muchas veces igual adquirimos para, curiosamente, no sentirnos tan vacíos.

Y relacionado con lo anterior, traigo a colación el pensamiento de Eduardo Galeano, quien sostiene que vivimos en plena cultura del envase, donde “el contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios”.

Hay que meter ruido para visibilizarnos, para hacernos ver; a fin de cuentas, para existir, o más bien, para sobrevivir. Al menos, a eso nos llevan los actuales modelos de comunicación. Pero infinitamente más importante que todo lo anterior, creo yo, es aprender a reconocer los distintos tipos de ruidos que a diario escuchamos a nuestro alrededor, tal como ese padre citado en el primer párrafo de esta editorial, que sabiamente le enseñó a su hijo a distinguir una carreta vacía de una llena.

Ahora le preguntó a usted señor lector: ¿con qué situación nos aporta?

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