jueves 17 de octubre, 2019

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Editorial

El principal impulso para crecer, son las personas

Para lograr la plenitud económica de nuestro país y dar el salto al desarrollo, no basta sólo con mejorar los indicadores, sino que además, todo se debe traducir en beneficios para los habitantes de esta larga y angosta faja de tierra.


 Por LESLIA JORQUERA

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Mucho se ha hablado acerca de economía, desarrollo productivo y los avances que requiere la industria para mejorar sus cifras.

 

No cabe duda que han sido años complejos para los números del empleo y los indicadores macroeconómicos de Chile, pero también resulta cierto que el verdadero motor que empuja las buenas ideas, son las personas, es decir, los trabajadores.

 

Cuando el “colaborador” de una compañía o pequeña empresa, se siente parte importante del proceso que se realiza a diario y percibe que su opinión vale, que su creatividad y desarrollo personal puede ser puesto a prueba y eso va de la mano con una remuneración digna, acorde al mercado, sin lugar a dudas que se logrará fidelizar al trabajador.

 

Una persona feliz con su empleo, puede gatillar el empuje y despegue de una empresa. ¿Alguien podría dudarlo?

 

Sin embargo, la semana pasada el estudio publicado por la Fundación Sol, fue más que preocupante y triste para un país como este.

 

El 69,7% de los trabajadores de Chile, tiene un sueldo inferior a los 500 mil pesos. Si las utilidades de la empresa no permiten que sea mayor, se entiende perfectamente, pero cuando facturan grandes cantidades de dinero, realmente lo único que se genera es resentimiento y cero compromiso.

 

El mismo estudio, asegura que en nuestro país, los sueldos que se pagan no alcanzan para vivir y así, mucho menos para que se pueda ahorrar o adquirir una vivienda.

 

Con estos datos, que analizándolos en profundidad, tienen indicadores mucho más difíciles, también se puede concluir que con o sin AFP, las pensiones también serán paupérrimas en el futuro, ya que es imposible que imponiendo sueldos tan miserables, las jubilaciones puedan llegar a dar dignidad a las personas de la tercera edad.

 

Nadie tiene la receta para romper el paradigma que quiebre la mala distribución de los ingresos de Chile, que nos tienen entre los países más desiguales de la OCDE.

 

Para lograr la plenitud económica de nuestro país y se dé el salto al desarrollo, no basta sólo con mejorar los indicadores, sino que además, todo se debe traducir en beneficios para los habitantes de esta larga y angosta faja de tierra.

 

 

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