domingo 22 de septiembre, 2019

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PSU: ¿Una prueba discriminatoria?

Es hora de acabar con la desigualdad en materia de enseñanza. Eso no se terminará, apoye o no las reformas del gobierno, ni con la gratuidad, ni con el fin a los subvencionados. Ni siquiera con el término del lucro en la educación. Aquí lo que hace falta de una vez por todas, es preocuparse de la calidad, pero de verdad no sólo en la demagogia de los discursos de las autoridades de turno.


 Por LESLIA JORQUERA

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Durante los últimos días, se ha instalado en la opinión pública, la necesidad de reformular la Prueba de Selección Universitaria –PSU- porque según se señala, es una muestra de la desigualdad de nuestro país.

Este año más de 290 mil jóvenes de Arica a Punta Arenas, se sometieron al examen que les permite acceder a las universidades. El problema, una vez más, es la inmensa brecha que existe entre colegios públicos y particulares.

Dentro del análisis, los expertos sostienen que prácticamente esta medición, más que permitir el acceso a una carrera, lo que hace es determinar la clase social de la que vienen las personas.

Siempre hay excepciones, como es el caso de la joven Jéssica Vera, de un establecimiento municipal de Laja, quien obtuvo el máximo puntaje en matemáticas y merece todo nuestro reconocimiento, ya que su entrega, constancia e inteligencia, le permitieron desarrollar todo el potencial necesario para este éxito. Pero, ¿qué ocurre en sectores como Alto Biobío? Lamentablemente, el Liceo de Ralco, caracterizado principalmente por tener alumnos pehuenches y educación intercultural -con una comunidad escolar que vive en situaciones de alta vulnerabilidad- obtuvo un promedio de 357 puntos, que en comparación con el Liceo Alemán del Verbo Divino de Los Ángeles, termina siendo superado en más de 277 puntos, obteniendo un promedio de 634 puntos. La brecha en evidencia.

¿Acaso los jóvenes provenientes de familias con más recursos, son más talentosas e inteligentes de por sí? ¿Son los más pobres alumnos flojos? Por supuesto que no.

Lo que ocurre es fácil de resolver, el dinero les da a un grupo de la sociedad una posibilidad que potencia las habilidades.

En primer lugar, estudian con libros y profesores de la mejor calidad. Cuentan con aulas donde no existe la sobrepoblación o la precariedad de la infraestructura. No existen docentes que se aprovechen del sistema con licencias médicas eternas y, al llegar a sus casas, disponen de todas las herramientas – internet, enciclopedias, profesores particulares, entre otras-  para fortalecer las debilidades.

Lo que es peor, en la educación pública existen jóvenes de gran inteligencia, con importantes talentos en ciencias, matemáticas, lenguaje o historia, pero, pese a obtener excelentes notas en las evaluaciones, fracasan en la PSU. La respuesta, muchas de las preguntas eran acerca de contenidos que jamás pasaron. Esto consta en un reportaje de Ciper Chile, realizado en diciembre de 2012 y que evidencia lo mucho que nos falta por avanzar.

Hoy, las estadísticas son tristes, más del 44% de los alumnos de colegios municipales no alcanzó 450 puntos. No sólo es responsabilidad de los evaluados. Todo el sistema escolar tiene que hacer un mea culpa. Es hora de acabar con la desigualdad en materia de enseñanza. Eso no se terminará, apoye o no las reformas del gobierno, ni con la gratuidad, ni con el fin a los subvencionados. Ni siquiera con el término del lucro en la educación. Aquí lo que hace falta de una vez por todas, es preocuparse de la calidad, pero de verdad no sólo en la demagogia de los discursos de las autoridades de turno.

 

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