miércoles 11 de diciembre, 2019

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Editorial

Endeudamiento en Navidad: comprando cariño y felicidad


 Por Zazil-Ha Troncoso

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El fin de semana recién pasado comenzó la carrera final por conseguir los regalos para la Navidad. Como cada año, los comerciantes sacan cuentas alegres, pues la situación económica del país ha generado un estancamiento en las compras, lo que afortunadamente se reactiva de forma impresionante en esta época.

Sin embargo, según los estudios de los expertos, los chilenos durante la época de Navidad tienden a endeudarse hasta en nueve veces su sueldo, lo que es muy preocupante y digno de analizar, no sólo desde el aspecto económico.

¿Qué estamos comprando por medio del regalo de Navidad?

Está claro que nuestra sociedad de consumo nos impulsa a querer comprar los regalos soñados y las extensas cartas de nuestros hijos más pequeños, pero de qué sirven si no van acompañados del sentido de familia, la unidad y el amor.

Pueden sonar como palabras cliché, sin embargo, la rutina diaria no nos permite encontrarnos con nuestros seres queridos como quisiéramos.

Las jornadas extensas de trabajo y la ausencia de padre y madre durante el día nos hacen llegar al absurdo de satisfacer esas carencias presenciales con regalos. Y lo que estamos haciendo es heredar en los pequeños un materialismo que, a futuro, nada bueno trae consigo.

Es más, la percepción de los regalos que trae el “Viejito Pascuero” ha cambiado a tal nivel en los niños, que ni siquiera lo consideran –dentro de esta fantasía– un hombre justo.

La prestigiosa revista médica British Medical Journal llegó a la conclusión de que “Santa Claus es más bien clasista, porque no castiga a los niños malos, sino a los que viven en zonas pobres”.

La sociedad en que estamos inmersos nos obliga a sobrevivir, y para ello ambos padres han tenido que salir a trabajar. Pero hay aquellos que, con mucho esfuerzo, se las arreglan para estar siempre presentes y aprovechan de gran manera los momentos de reunión familiar.

Por lo tanto, evalúe si es necesario endeudarse tanto por regalos que en un par de meses estarán sin ruedas o sin un pie y que terminarán en la basura. Quizás es mejor privilegiar la austeridad, pero regalar experiencias únicas en familia, aquellas que nunca se olvidarán.

En la adultez, lo que más se recuerda son las cenas que se preparaban en casa o las visitas que llegaban por sobre los regalos que se recibían. Haga usted esa propia reflexión.

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