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Editorial

La saturación de carreras y la ética de las universidades

El futuro de Chile está esperando acciones concretas de quienes controlan el mercado profesional, para que las oportunidades de tener buenos trabajos y remuneraciones acorde a las aspiraciones del país “en vías de desarrollo”, sean una realidad. Ello depende exclusivamente de las universidades y el sacrificio que hagan para evitar que seamos un territorio de profesionales sin trabajo.


 Por La Tribuna

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Se acerca la Prueba de Selección Universitaria –PSU– y las universidades públicas y privadas comienzan a mostrar sus ofertas de carreras para conquistar a los cerca de 300 mil estudiantes que año a año, ingresan a la educación superior.

Sin embargo, un punto de vista relevante que se contrasta muchas veces con la vocación de los jóvenes, es la saturación que existe en el mercado en muchas carreras.

En La Tribuna FinDe conocimos la realidad de los odontólogos a nivel nacional y provincial. Una carrera que anteriormente era exclusiva para algunos, hoy está disponible en decenas de universidades, hecho que ha generado que año a año se titulen más de 1.800 nuevos dentistas y donde ni siquiera se puede asegurar la calidad profesional.

Asimismo, según los expertos, entre las carreras más saturadas se encuentran: Traducción e idiomas, Derecho, Ingeniería en Prevención de Riesgos, Trabajo Social, Ingeniería en Maquinaria, Pedagogía en Educación Física, Kinesiología, Agronomía, Fonoaudiología y Medicina Veterinaria.

Por esta razón es que los padres y los docentes, deben tomar un rol fundamental para orientar a los jóvenes y así evitar que una decisión apresurada, se transforme en una futura cesantía.

Ahora bien, existe un punto que le corresponde directamente a las universidades y es no jugar con la ilusión de las personas por culpa del negocio universitario.

En este sentido, las casas de estudios superiores tienen que enfrentar este problema con seriedad. Hay carreras que sin duda necesitan un respiro y para ello, no existe más solución que congelar las matrículas por un periodo que permita aumentar la oferta.

Pero esto requiere de un compromiso transversal coordinado por las autoridades de educación, que permita descongestionar el mercado de algunas carreras y así velar porque el futuro de los profesionales de nuestro país tenga mercado y también sueldos dignos.

Es sabido que en Chile las remuneraciones son excesivamente  bajas y sobre todo en nuestra provincia de Biobío, según datos de la Fundación Sol, el sueldo promedio alcanza los $414.838 y esa realidad no deja contento a nadie.

El futuro de Chile está esperando acciones concretas de quienes controlan el mercado profesional, para que las oportunidades de tener buenos trabajos y remuneraciones acorde a las aspiraciones del país “en vías de desarrollo”, sean una realidad. Ello depende exclusivamente de las universidades y el sacrificio que hagan para evitar que seamos un territorio de profesionales sin trabajo.

 


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