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Editorial

Los buses rurales y la dignidad de las personas


 Por La Tribuna

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En reiteradas ocasiones la prensa ha puesto en la palestra el gran problema que enfrentan los vecinos de sectores rurales de la Provincia de Biobío, quienes deben viajar, en algunas ocasiones en circunstancias bastante miserables, a bordo de buses que no se encuentran en las condiciones necesarias para operar.

En La Tribuna FinDe pudimos conocer, en la voz de un grupo de transportistas, las malas prácticas que se realizan para operar, alterando documentación que permita hacer pasar vehículos de los años 80 o 90 como del año 2000 en adelante.

Este es un tema grave. Un delito, y tal denuncia pública debería ser fiscalizada en detalle por los organismos de la Seremi de Transportes, pero lamentablemente, el trabajo en la zona sólo se concentra para fechas claves, pero el resto del año es prácticamente nula la presencia de la autoridad.

El transporte rural presenta serias falencias y algunos empresarios, sin pensar en la dignidad de los pasajeros que llevan a bordo, rompen toda buena práctica.

Máquinas deterioradas, con filtraciones de ventanas, con pisos en mal estado o derechamente rotos, con problemas de frenos o de la palanca de cambios, entre otras, son parte de las situaciones que deben vivir cientos de personas diariamente que se trasladan a Los Ángeles para trabajar, estudiar o abastecerse en el comercio.

Ante los hechos, las autoridades del gobierno deben hacerse presentes con urgencia y examinar uno a uno los buses, y lo más importante, castigar severamente a quienes están cometiendo estos delitos.

La denuncia sostiene que algunos empresarios estarían comprando los papeles de los buses del Transantiago que quedan en desuso y luego los adulterarían para que figuren como nuevos, procedimiento que se hace borrando el número de chasis del motor.

De ser así, parece preocupante el silencio de las autoridades, ya que hechos de estas características son francamente inaceptables.

Es momento de pensar en los negocios empresariales poniéndose en lugar del cliente final y no sólo de los ingresos que se deben generar. La ética empresarial también pasa por otorgar un servicio que tenga como objetivo la positiva experiencia del usuario.

Lucrar desde el punto de vista empresarial no tiene nada de malo, pero hacerlo con estafas, fraudes o perjuicios dolosos para los usuarios es algo que no se puede permitir en este país, y claramente se evitaría si los responsables de fiscalizar hicieran su trabajo.


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