martes 10 de diciembre, 2019

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Editorial

Vendedores ilegales y la mano débil de la autoridad

Bajo el prisma de las pocas oportunidades, la escasez laboral, la reinserción y tantas otras excusas, no es correcto comenzar a permitir los negocios ilícitos en ningún lugar de la ciudad. Hay que respetar las leyes y el correcto actuar de quienes la cumplen.


 Por LESLIA JORQUERA

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En época electoral pareciera notarse más la mano blanda de las autoridades municipales para no pelearse con nadie. Los votos mandan y los enemigos pueden esparcir la molestia con el alcalde de turno generando un verdadero problema. Son tiempos de mirar al cielo e inaugurar todo lo que se postergó para estas fechas. Sin embargo, hay un clamor que no sólo es de las grandes asociaciones gremiales como la Cámara de Comercio, sino que de los propios comerciantes que tienen sus puestos establecidos en calle o locales físicos y que cumplen con toda la reglamentación sanitaria, legal y tributaria para poder desempeñarse en desmedro de un rubro que victimizándose perjudica a los demás. Es impopular hablar de este tema, pero claramente no pagar permisos ni impuestos es injusto, tanto para las pymes que lo hacen como para los propios compradores.

Junto con ello, es reiterado ver el engaño que se produce, por ejemplo, con algunos vendedores ilegales de la Vega Techada de Los Ángeles, que con pesas arregladas, estafan a sus clientes, dejándolos sin poder reclamarle a nadie. El problema está, en que el descaro de trabajar, incluso a pocos metros de Carabineros sin temor alguno, genera que tanto comerciantes ambulantes autorizados como los propios locatarios, se vean empañados en su correcto actuar por culpa de estos aprovechadores.

El municipio de Los Ángeles no debe pensar que es impopular hacer cumplir la normativa. El comercio establecido principalmente es trabajado por sus propios dueños, pequeños empresarios que sacan de dicho lugar el sustento para sus hogares con mucho esfuerzo y no se merecen el detrimento y la mala fama que le generan los ilegales.

En la ciudad de Concepción, el alcalde Álvaro Ortiz, sin temor a la impopularidad y en pleno proceso electoral, tomó la decisión de combatir con dureza el comercio ambulante y no ha claudicado en ello. A largo plazo, esto generará un efecto positivo.

Bajo el prisma de las pocas oportunidades, la escasez laboral, la reinserción y tantas otras excusas, no es correcto comenzar a permitir los negocios ilícitos en ningún lugar de la ciudad. Hay que respetar las leyes y el correcto actuar de quienes la cumplen.

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