domingo 08 de diciembre, 2019

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Editorial

Soterramiento eléctrico: una tarea pendiente

Los cables son un riesgo para la población, ya que al cortarse pueden generar incluso la muerte. Si a eso se le suma el aumento en la delincuencia y los efectos psicológicos que provocan, suena casi obvia la alternativa de comenzar a masificar la urbanización subterránea. Este elemento mejorará la calidad de los servicios básicos y también evitará en cierta medida que los antisociales continúen con sus prácticas delictuales que atentan contra las personas.


 Por LESLIA JORQUERA

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El último tiempo, la recepción del servicio eléctrico en la provincia de Biobío, no ha funcionado correctamente. En varias ocasiones – prácticamente todas las semanas – es común enterarse que en alguna de las 14 comunas, se interrumpió el suministro.

Como es sabido, se ha transformado en una especie de moda delictual el robo de cables de cobre, con el objeto de reducirlo en el mercado negro.

Gracias a ello, más de 60 mil personas se han visto afectadas.

Sin embargo, como consumidores que pagan por un servicio, las personas no son responsables por la intermitencia constante que está siendo la prestación de las distribuidoras.

En este sentido, las compañías tienen la obligación de implementar las medidas de seguridad necesarias para reducir la comisión de este tipo de delitos.

Una alternativa que también aportaría a la descontaminación visual, es el soterramiento del tendido eléctrico.

Este término, no deja de ser relevante. Cuando se habla de contaminación, inmediatamente la imagen que se viene a nuestra cabeza es la de una chimenea humeante o un automóvil emanando gases a la atmosfera. Lo que no es así.

La contaminación visual es un modelo de contaminación muy común en nuestra sociedad, que se basa cualquier elemento que perturbe o perjudique la vida o la estética del lugar o los paisajes. En el caso de los cables de electricidad, la invasión es grotesca en algunos casos.

Sin ir más lejos, en pleno centro de Los Ángeles, existen postes que conectan decenas de cables. De existir un accidente de tránsito, el peligro puede ser muy grande.

Es hora de que los consumidores se manifiesten frente a esta situación. Es más, la provincia de Biobío, al tener diversas empresas distribuidoras, no existe el monopolio de sentirse obligado a estar conectado a una empresa determinada. Si un grupo de vecinos decide cambiarse puede realizar las gestiones para que así sea e instalar un proveedor de energía eléctrica que cumpla con los estándares.

Por otro lado, Serviu y los municipios, deben velar por la modernidad. Aún se están construyendo nuevos barrios, donde los cables van de forma aérea lo que no debería permitirse más.

Los cables son un riesgo para la población, ya que al cortarse pueden generar incluso la muerte. Si a eso se le suma el aumento en la delincuencia y los efectos psicológicos que provocan, suena casi obvia la alternativa de comenzar a masificar la urbanización subterránea. Este elemento mejorará la calidad de los servicios básicos y también evitará en cierta medida que los antisociales continúen con sus prácticas delictuales que atentan contra las personas.

 

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