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Editorial

El agua potable rural de Santa Fe

Lo que resulta más curioso, es que al consultarle a la autoridad sanitaria en la oficina regional de Concepción, simplemente no ofrecieron ninguna salida urgente al problema y sólo se dedicaron a justificar su trabajo indicando que el 8 de septiembre del año pasado realizaron una inspección en el lugar.


 Por La Tribuna

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 El día de ayer, conocimos la preocupación de los vecinos de la localidad de Santa Fe, que han visto como hace varias semanas, el agua potable que proviene de la torre de APR viene en un grado de turbiedad notorio.

Lo que se evidencia al largar las llaves es que el vital elemento viene sucio, pareciera que es tierra y con un excesivo olor a cloro.

Esta lamentable situación, ha generado que las familias, las mismas que lucharon por tener ese APR hace algunos años, hoy tengan que soportar que venga en mal estado.

Lo peor, es que ante el temor de beberla, las personas han tenido que desembolsar dinero para comprar agua mineral.

Sin embargo, lo que resulta más curioso, es que al consultarle a la autoridad sanitaria en la oficina regional de Concepción, simplemente no ofrecieron ninguna salida urgente al problema y sólo se dedicaron a justificar su trabajo indicando que el 8 de septiembre del año pasado realizaron una inspección en el lugar. La respuesta más lógica habría sido decir que pese a no tener denuncias al respecto, se contactarán con los vecinos para recoger los antecedentes y que tomarán con urgencia medidas porque se trata del agua potable para consumo humano de toda la comunidad.

La importancia del agua potable, en estos años de escasez hídrica y especialmente en los sectores rurales ha permitido el desarrollo de las comunidades y mejoras sustanciales a la calidad de vida. El Estado como una política transversal a los gobiernos de turno, se ha esmerado por la proliferación de las torres de APR. En nuestra zona, el diputado José Pérez ha sido un gran impulsor de la instalación de estas infraestructuras y que no son económicas y además, requieren de una logística de instalación que no es nada de fácil, debido a que se pueden colocar en terrenos públicos solamente y ahí se deben hacer los estudios.

Detrás del trabajo de los vecinos, la Subdere, los parlamentarios que presionan, los alcaldes en algunos casos y las gobernaciones, no puede haber una respuesta tan débil de la Seremi de Salud cuando el proceso falla.

Santa Fe y su comunidad merecen la máxima dignidad y eso pasa por otorgar servicios de calidad que cambien de forma positiva la vida de las personas. De nada sirve el APR instalado si su agua no se puede beber.

Esperemos que la próxima información que provenga de la entidad fiscalizadora, contenga más explicación, argumentos y antecedentes que permitan esclarecer lo que ocurría, de tal manera que los vecinos puedan tener la seguridad al consumir tan vital elemento.

 

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