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Editorial

Cuando las diferencias entre vecinos detienen el progreso

Si efectivamente los vecinos desconocían en detalle lo que se pretendía realizar, no se les puede culpar por rechazar la iniciativa. Como lección, los proyectos de gran envergadura, no se deben ver sólo con los beneficiarios, sino con toda la comunidad, de tal manera que el progreso de la mayoría, no afecte la vida de la minoría.


 Por La Tribuna

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Pavimentar una calle, construir alcantarillados, levantar un centro de salud comunitario o una escuela, pese a que parecen iniciativas donde sólo falta el financiamiento para que existan, lo cierto es que no es así.

Muchos proyectos, tienen que cumplir años de historia, desde que se gestionan las ideas, se consiguen recursos para los estudios de prefactibilidad, luego los diseños, las autorizaciones medioambientales, técnicas y sanitarias para que finalmente, haya que buscar recursos para la obra en sí. Esto fácilmente puede durar 10 años. Es por eso, que estas burocracias, muchas veces al concretar el proyecto, estos ya se encuentran obsoletos. En una década, aumenta la población cambian muchos parámetros, pero bueno, Chile es así hasta que el Estado logre una modernización, situación que los gobiernos han sido incapaces de lograr.

Sin embargo, en un proyecto que impacta visualmente o afecta a un grupo de vecinos, siempre generará detractores. Es lo que está ocurriendo con los habitantes de Santa Fe en Los Ángeles. Hace 10 años y tal como lo podrá leer en las páginas que vienen a continuación, se está trabajando en un proyecto de alcantarillado que contempla la construcción de una planta de tratamiento de aguas servidas. El caso es que quienes habitan en las cercanías de la futura obra, ahora, que está a punto de iniciar su construcción, se están manifestando en contra por las consecuencias medioambientales que puede traer, especialmente con los olores que podrían atentar con la calidad de vida que tienen actualmente.

Cierto o no, lo claro es que después de una década únicamente existen dos opciones, o se hace el proyecto o se pierde todo lo logrado. Al menos eso señalan las autoridades.

Ahora bien, no se puede simplemente desplazar el pensamiento de los afectados, ya que a nadie le gustaría que instalen este tipo de edificaciones justo al frente de su casa, por lo que la demanda también es aceptable. El problema es que es una reacción extremadamente tardía, puesto que ya está todo listo.

¿Qué se puede hacer en estos casos? Es una de las difíciles tareas que tendrá que resolver la municipalidad de Los Ángeles que, así como están las cosas, claramente no podrá dejar a todos contentos.

Asimismo, hay un punto que no es menor de analizar, los detractores, acusan que nunca tuvieron una visión clara de lo que se pretendía hacer y aquí es donde las autoridades deben hacer el mea culpa. Si efectivamente los vecinos desconocían en detalle lo que se pretendía realizar, no se les puede culpar por rechazar la iniciativa. Como lección, los proyectos de gran envergadura, no se deben ver sólo con los beneficiarios, sino con toda la comunidad, de tal manera que el progreso de la mayoría, no afecte la vida de la minoría.

Hay que buscar una solución pronta a este problema, de lo contrario, una obra de gran impacto social podría quedar en nada.

 

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