jueves 22 de agosto, 2019

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Editorial

El paro docente y los diálogos infructuosos

Mientras los alumnos siguen perdiendo clases, los profesores continuarán su justa lucha por dignificar la profesión. En tanto, el Gobierno pareciera estar contra la pared, pues ahora debe financiar toda su poesía de cambios.


 Por Cristian Delgadillo Rosales

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Dos millones ochocientos mil pesos es el sueldo que gana el dirigente nacional de los profesores, Jaime Gajardo, de acuerdo a un reportaje de Publimetro en diciembre pasado. Este monto está muy alejado de lo que reciben los abnegados docentes de la provincia de Bío Bío, que no sólo trabajan por educar, sino que en muchos casos deben superar diversos obstáculos para llevar la enseñanza a lugares recónditos en el sector rural, en la cordillera o en escuelas y liceos vulnerables. Algo injusto, pero a lo cual nuestra sociedad, caracterizada por ser una de las menos equitativas del mundo, ya está acostumbrada.

Por otra parte, la labor docente de Chile ha sido desdeñada debido a la existencia de profesionales que no hacen honor a su trabajo, ya sea porque tuvieron una formación deficiente o porque debieron elegir pedagogía como última opción. Además, en el pasado la labor de educar fue vista por la sociedad como un trabajo que nadie quiere hacer. ¿Por qué ocurrió eso? Diferentes teorías pueden dar cuenta del fenómeno, pero, en definitiva, se ha empañado el buen trabajo de muchos por un grupo menor que no debería estar ejerciendo. Lo cierto es que para mejorar la educación desde la base se debe corregir una importante cantidad de aspectos, empezando por los programas curriculares del alumnado, la infraestructura y, por supuesto, el salario de los educadores, que llega a ser vergonzoso.

Más allá del problema mismo en discusión, del cual hay diversas visiones y donde, tarde o temprano, el Gobierno y el profesorado tendrán que llegar a un consenso, lo cierto es que hay un punto importante que nadie, nuevamente, está considerando y es, precisamente, la forma en que se llegará a mejorar verdaderamente la calidad de la educación, los puntajes internacionales y el posicionamiento de la formación chilena en rankings que nos permitan alcanzar algún día ese desarrollo que hoy se ve tan lejano.

¿Acaso se puede mejorar la educación sólo con mejores sueldos? Claramente, este factor es una arista relevante a la cual se debe dar solución, pero hay muchos temas más de inversión que analizar. Al respecto, actualmente existe el temor fundado de que la Reforma Tributaria no logrará financiar este proyecto debido al alto costo que tendría y la baja recaudación en impuestos que se podrá obtener en las arcas fiscales por la marcada contracción económica.

Mientras los alumnos siguen perdiendo clases, los profesores continuarán su justa lucha por dignificar la profesión. En tanto, el Gobierno pareciera estar contra la pared, pues ahora debe financiar toda su poesía de cambios.


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