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Editorial

Basta de accidentes

Es la comunidad la que debe poner atención en los excesos de accidentes y tomar conciencia en vez de esperar una ley que endurezca las penas ante los comportamientos irresponsables.


 Por La Tribuna

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Un notorio aumento en los accidentes de tránsito ha registrado el último tiempo la provincia de Bío Bío. La imprudencia y las negligencias –principalmente– han dejado una cantidad importante de fallecidos y decenas de lesionados.

Carabineros de Chile, por su parte, está desplegado permanentemente en diversos lugares controlando los vehículos, realizando campañas de prevención e incluso las concesionarias se han hecho parte de esas cruzadas a fin de concientizar a la población para que se reduzcan los accidentes. Sin embargo, tales acciones no parecen tener el éxito esperado.

Desde el punto de vista legislativo, se han logrado algunos avances en esta materia, los que tienen relación con endurecer las sanciones para quienes conduzcan bajo la influencia del alcohol, pero falta mucho.

Manejar a exceso de velocidad o haciendo otras cosas que distraen, como usar el celular, comer, fumar o maquillarse, sin duda alguna que son un riesgo permanente y, lo que es peor, son conductas prácticamente arraigadas en la sociedad y que son difíciles de extirpar.

Si se realiza también un análisis por tipo de vehículo, veremos las imprudencias que cometen y de las que son víctimas.

Por ejemplo, un camión o un bus son maquinaria de carga pesada. Tienen una capacidad de frenado muy inferior a un vehículo convencional, sin embargo, muchos de ellos aumentan considerablemente su velocidad, ampliando el riesgo para las personas. Por otra parte, la comunidad no entiende que necesitan espacio para virar o detenerse y muchas veces, por esquivar a conductores que se cruzan a menor velocidad o que no los dejan maniobrar, estos terminan accidentados.

Respecto a los vehículos como camionetas, jeep o autos, el exceso de velocidad y la falta de paciencia son las características principales de sus usuarios. La prepotencia al volante provoca situaciones complejas. Por ejemplo, un auto que va abandonando un estacionamiento en reversa debe esperar mucho tiempo a que algún solidario conductor le permita salir. No hay sentido común.

Finalmente, las motocicletas son un arma mortal para sus conductores, donde ante una imprudencia directa o indirecta, el escudo es el cuerpo.

Al respeto, en Los Ángeles y en la provincia se ve un descuido total de algunos conductores que manejan sin casco, sobre las veredas o ciclovías e incluso que circulan por las noches bajo los efectos del alcohol.

En conclusión, es la comunidad la que debe poner atención en los excesos de accidentes y tomar conciencia en vez de esperar una ley que endurezca las penas ante los comportamientos irresponsables.

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