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Editorial

Pastelero a tus pasteles: Gobierno no es contralor

Quedó claro que el poder corrompe a algunos y, a veces, quienes con soberbia ostentan la capacidad de tomar decisiones se aprovechan del sistema sólo para fines personales, y no para trabajar en las grandes reformas ni para contribuir a una mejor sociedad, justa y con más oportunidades.


 Por La Tribuna

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Curioso es que la Presidenta Michelle Bachelet haya declarado con firmeza que asumirá un liderazgo para conducir la agenda de probidad y transparencia, en medio de la crisis de confianza institucional política más grande que se recuerde en la historia de Chile. Menos aún, cuando ha tenido que sacar del palacio de La Moneda a su propio hijo, quien está envuelto en uno de los presuntos casos de tráfico de influencia más vergonzoso que se recuerde desde el retorno a la democracia.

¿De qué sirve una comisión asesora presidencial en este escenario? Lo primero que se debe hacer es dejar que la justicia actúe como corresponde, sin presiones de ningún tipo, y que los responsables de generar esta sensación de alta corrupción vayan a la cárcel sin importar la condición económica ni política. Así, una vez solucionado todo, se podrá dar vuelta la página y se elaborarán nuevas medidas para evitar estos casos. Lo de ahora parece una mera publicidad e improvisación.

Michelle Bachelet parece estar nadando sola en un mar turbulento. Su principal aliado, el ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, también está siendo cuestionado por su participación con boletas a SQM. Por lo tanto, no hay posibilidad alguna de que se aborde esta agenda de probidad y que eso genere una sensación de transparencia en la opinión pública.

Frases de la mandataria como “estas medidas reafirman mi compromiso como Presidenta de Chile de actuar enérgicamente para terminar con las malas prácticas en nuestro país y quiero recalcar este punto, ya que me ocuparé personalmente de la conducción de este proceso” simplemente cuesta creerlas en la situación actual.

Las malas prácticas que se han visto en Chile con el caso Penta, Caval-Dávalos y SQM sólo tienen la esperanza en el Poder Judicial y en la Contraloría. Está en ellos marcar precedentes en la historia de Chile de que, por primera vez, la estampa social no importe al momento de haber defraudado al Fisco, haber conseguido dineros irregulares para campañas políticas o usar el poder de las instituciones del Estado para tráficos de influencias con información privilegiada en casos -por ejemplo- de especulación inmobiliaria.

La Presidenta está debilitada, y lo peor de todo es que no se debe a un trabajo obstruccionista de la oposición, sino a los errores de su propia familia y aliados.

Pasará mucho tiempo, quizás años, tal vez varios gobiernos, antes de que esta herida logre sanar y que la imagen del servidor público deje de estar bajo sospecha.

Chile necesita personas honestas para dirigir la nación, hacer las leyes y administrar los servicios públicos. Quedó claro que el poder corrompe a algunos y, a veces, quienes con soberbia ostentan la capacidad de tomar decisiones se aprovechan del sistema sólo para fines personales, y no para trabajar en las grandes reformas ni para contribuir a una mejor sociedad, justa y con más oportunidades. 

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