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Editorial

Incomunicados por la necesidad de comunicar

La tecnología ha permitido grandes mejoras en las relaciones interpersonales, pero si no se educan los valores que hay detrás de ella por sobre los comportamientos perjudiciales que abstraen a las personas de las amistades o la familia, simplemente, estamos condenados.


 Por La Tribuna

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La tecnología ha abierto un mundo de posibilidades para interactuar con la sociedad. Incluso personas que antes estaban imposibilitadas de poder realizar un normal flujo de diálogo, hoy, gracias a los teléfonos móviles, tablets o computadores, han podido descubrir elementos para comunicarse de forma fluida.

Así, la comunidad, en esa ya instalada necesidad, quiere contarle al mundo qué come, qué mira, qué ropa le queda mejor o lo feliz que es en el amor o la amistad.

Sin embargo, así como se está construyendo la interactividad, mirarse a los ojos y descubrir el factor humano está pasando de moda, lo que es algo totalmente negativo.

En las reuniones sociales, por ejemplo, es fácil ver cómo todos se quedan hablando en sus celulares con las personas que no llegaron para mostrarles lo que se están perdiendo.

En tanto, gracias a las distintas aplicaciones móviles para estilizar fotografías, se está cayendo en un montaje de momentos felices que no son tales. Jugar a la postal está generando falsas realidades.

Quien observa el mundo desde la cámara fotográfica de sus dispositivos móviles no está realmente viviendo la experiencia al máximo y, finalmente, está entregando una mentira de sus recuerdos.

Los cánones de belleza física, de felicidad publicitaria, de amor en el crepúsculo no son veraces.

Bienvenida sea la tecnología que permite estar más cerca y conectados. Sin embargo, no se debe, bajo ninguna circunstancia, terminar con el noble acto de levantar la cabeza mientras se va por la calle, observar a las personas, al perro que hurguetea en la basura, al hombre que ayuda a pararse a la abuela que tropezó, las aves, los esteros y la mano y el rostro de la persona con que se va caminando.

WhatsApp, Twitter, Facebook y las innumerables páginas web que entregan minuto a minuto la información no pueden consumir la realidad.

El 31 de julio de 1997, el mundo entero quedó atónito con la muerte de la princesa Diana de Gales. En esa ocasión, lo más condenado por la sociedad de todos los rincones del planeta fue el comportamiento que tuvieron los paparazis, quienes no prestaron ayuda alguna, sino que tomaron sus cámaras y se dedicaron a capturar la muerte de la noble mujer.

Hoy, muchas personas han caído en este nefasto comportamiento y prefieren esperar que una persona con depresión se lance de un edificio, para tener la mejor toma del hecho, que analizar el factor humano.

La tecnología ha permitido grandes mejoras en las relaciones interpersonales, pero si no se educan los valores que hay detrás de ella por sobre los comportamientos perjudiciales que abstraen a las personas de las amistades o la familia, simplemente, estamos condenados. 

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