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Editorial

La política en Chile no existe

Se necesitan nuevos aires, honestos y con carácter para poder recuperar la confianza, enfocarse en lo realmente necesario y terminar con las prácticas que hacen sentir vergüenza de los líderes que existen.


 Por La Tribuna

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El ejercicio del poder, debiera tener un profundo e incuestionable sentido ético, donde los líderes trabajen por la sociedad, buscando los elementos, proyectos, iniciativas y leyes que sean más provechosas para la ciudadanía.

Estas decisiones y acuerdos entre pensamientos ideológicos diferentes, supone vincularse al bienestar de la población, al desarrollo, al crecimiento, las oportunidades, el empleo, la calidad de la educación, la vivienda digna para quien no tiene acceso, al progreso vial, a la economía interna y externa con cifras alentadoras, en fin, una cantidad importante de acciones que no tienen otro fin que lograr que la comunidad siga una senda sin necesidades.

La situación actual de corrupción, de irregularidades y de casos de connotación pública, donde se ha visto involucrada incluso la Presidenta de la República, ministros de Estado, parlamentarios de todos los sectores políticos, ha dejado a la sociedad a la deriva, sin líderes en quien creer, sin confianzas y lo que es peor, sin la esperanza de un futuro mejor.

Por mucho tiempo, se pensó que las diferencias entre la izquierda y la derecha, eran sobre los mecanismos que tenía uno u otro sector para enfrentar los cambios sociales, sin embargo, lo ocurrido actualmente, deja en evidencia, que a la hora de poder meter las manos, en muchos de ellos no prevalece tal conducta por el amor a su patria.

Así, la función principal de la política y la ejecución del trabajo por la gente, se ha evidenciado o se ha interpretado por la comunidad como un mero acto publicitario para satisfacer sólo fines personales.

La corrupción y el mal comportamiento político ha hecho que el uso de información privilegiada, los sobornos, las extorsiones, la malversación, el compadrazgo, el nepotismo y sobre todo la impunidad sean las características que mejor reflejan a ciertos grupos de poder.

Obviamente, hay un sector minoritario, molesto, inserto en este mundo, que viste de manzana podrida junto a sus pares, sin serlo y en ellos, está la única esperanza para que Chile progrese y salga de este mal momento.

Caiga quien caiga, han planteado algunos y es cierto, la justicia debe hacer que paguen todos quienes hayan cometido algún delito y si es comprobado que altas autoridades del país están involucradas, deben, por respeto a su patria, a su gente y al sistema público, renunciar.

Se necesitan nuevos aires, honestos y con carácter para poder recuperar la confianza, enfocarse en lo realmente necesario y terminar con las prácticas que hacen sentir vergüenza de los líderes que existen.

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