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Editorial

La importancia de conversar

Las personas deben entender que tener la razón no significa imponer las propias ideas, sino más bien invitar al diálogo, conversar y abordar las preocupaciones con el respeto que se merecen las personas, algo que actualmente no se hace.


 Por La Tribuna

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La intolerancia política, ideológica, religiosa e incluso en las relaciones de pareja se ha instalado en la sociedad como un cáncer maligno. La reducida capacidad de la gente para conversar los problemas, no para imponer posturas sino para llegar a consensos o acuerdos, se ha esfumado.

Jugar a los buenos y los malos no es el mejor método. Hay que partir de la base de que el diálogo en la comunidad es clave para la resolución de conflictos, lo mismo en la familia, en los negocios y en el amor.

Muchas veces, dos personas enfrascadas en una diferencia terminan distanciadas para siempre por no tener la disposición para plantear o exponer respetuosamente sus ideas. Así, se ha instalado la intolerancia en muchos aspectos y surgen mitos tan nefastos como que las personas de izquierda quieren que todos sean pobres, los de derecha sólo les cuidan la espalda a los empresarios, los religiosos son retrógrados, los liberales son degenerados, los homosexuales son enfermos y los heterosexuales son cuadrados. Las denigraciones suman y siguen y, finalmente, la sociedad se está distanciando y enemistando, sin que los individuos sean capaces de convivir en un espacio de respeto.

El clima actual en que está el mundo político no considera mantener una conducta civilizada, lo que repercute directamente en la población. La intolerancia política se da hoy en un contexto de crisis institucional y, consecuentemente, la desconfianza se apoderó de la ciudadanía y hasta el momento nada lleva a pensar que la situación se revierta.

Han sido los propios políticos los que, tras años de descalificaciones desde ambos sectores, han transformado el ambiente político en un escenario para las ofensas y no para buscar las soluciones a las urgencias sociales.

Así, se ha desencadenado una gran cantidad de problemas que se han generalizado en la población y los chilenos han sido absorbidos por un actuar no acorde a la natural capacidad de razonar que tenemos.

En pocas palabras, ante una discusión, los hombres y mujeres están pensando más en rebatir que en comprender, y así no se llegará jamás a construir futuro.

Nuestro país tiene experiencia en cuanto a episodios de odios por la falta de acuerdos y sería el peor error humano repetir ese capítulo tan vergonzoso.

Las personas deben entender que tener la razón no significa imponer las propias ideas, sino más bien invitar al diálogo, conversar y abordar las preocupaciones con el respeto que se merecen las personas, algo que actualmente no se hace.

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