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Editorial

Irresponsabilidad social empresarial

La instalación de las compañías abre la puerta para generar trabajos, pero parece ser el único beneficio, ya que, al preguntar por su labor comunitaria, hay un evidente vacío en la zona.


 Por La Tribuna

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La provincia de Bío Bío está en crisis. El empleo está –pese al leve aumento– muy escaso para la gente. Los sueldos tampoco se condicen, en muchos casos, con la cantidad de trabajo que deben realizar las personas.

Sin embargo, uno de los hechos más preocupantes es el prácticamente nulo compromiso de las empresas con la comunidad a fin de apoyar a sus vecinos y disminuir el impacto, en muchos casos negativos, que generan en la sociedad.

Actualmente, las acusaciones realizadas por los vecinos son múltiples y, aunque en ocasiones no tengan relación con las compañías, demuestran el poco diálogo existente. En este contexto, las forestales han estado en la palestra debido a que han sido responsabilizadas por los daños que han ocasionado en la agricultura. Por su parte, las piscicultoras ubicadas en el río Caliboro son sindicadas por los lugareños como culpables de la contaminación de las aguas que afectaría a sus cultivos.

Así, suma y sigue. La industria Iansa o cecinas Fanda han sido acusadas por emitir malos olores; la lechería Ancali, por la alta presencia de moscas en San Carlos de Purén; el supermercado Líder de Sor Vicenta y de Vicuña Mackenna tienen diversos problemas con los vecinos, además de emanación de olores y ruidos molestos, situación similar que provoca Essbío por el funcionamiento de la planta de tratamiento de aguas servidas, que incluso en 2014 falló de forma relevante y, dicho sea de paso, nunca se conoció públicamente la sanción que recibieron tras verter los millones de litros de desechos al estero Quilque.

Ante esta situación, surge la pregunta ¿por qué parece que no hay un interés por mantener la buena vecindad por parte de las empresas?, ¿acaso están preocupadas sólo del negocio?, ¿qué pasa, además, con el tema medioambiental?

Hoy, los estándares internacionales exigen a las firmas la condición de relacionarse con la comunidad e impulsar el progreso. Sin embargo, eso no tiene por qué ser una norma para que trabajen, las compañías deberían ir más allá y tomar ellas la iniciativa.

Los Ángeles y sus comunas aledañas necesitan de la presencia y de la responsabilidad social empresarial, para que así, junto al trabajo del sector público –gobierno y municipios– se puedan realizar planes al corto, mediano y largo plazo que permitan, de una vez por todas, reducir los vergonzosos índices de pobreza y desempleo, así como corregir la falta de oportunidades sociales y de infraestructura.

La instalación de las compañías abre la puerta para generar trabajos, pero parece ser el único beneficio, ya que, al preguntar por su labor comunitaria, hay un evidente vacío en la zona.

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