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Editorial

El baile de los que sobran

Así las cosas, no hay caminos para que la ciudadanía pueda recuperar la credibilidad, porque parece que el poder político está intentando salvarse, más que mejorar.


 Por La Tribuna

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No, no es la canción de Los Prisioneros. Es una frase que actualmente define a 17 millones de chilenos que, desde su casa, ya sea por televisión, leyendo la prensa, visitando sitios web o escuchando alguna radio, se han ido enterando del cáncer que afecta a la clase política de nuestro país.

Como nunca, la imagen de quienes debieron ser servidores públicos se encuentra totalmente desmoronada, sin confianza, sin ideologías, vacía y nauseabunda.

Los casos de corrupción, de tráfico de influencias, de financiamiento irregular de campañas en todos los sectores políticos y, más aún, la actitud soberbia con que enfrentan los hechos han provocado que la comunidad observe con descrédito incluso las buenas ideas o las buenas personas.

Obviamente, no todos son así. Pero hoy, el cajón de manzanas –como dijeran los profesores en sus metafóricos ejemplos de aula– se encuentra podrido por algunos que están en los sillones poderosos no para buscar el bien común, sino para burlar el sistema y reírse en la cara del país.

Son ellos quienes crean las leyes, las votan, las promulgan, y son los mismos que las vulneran.

¿Cómo se explica eso, estimado lector?

Simplemente, el asunto va más allá de una discusión sobre quién hace mejor el trabajo, si la izquierda o la derecha.

Con esto queda más que demostrado que la única ideología para ellos es el aprovechamiento de las influencias.

¿Cómo recuperar la confianza en un país cuya justicia no puede operar como la gente quiere, porque la legislación es débil y permisiva? Por años se ha visto en las esferas públicas y privadas casos de faltas de probidad relevantes, de delitos tributarios graves –como el caso La Polar– donde la condena más dura la dio la prensa, no la ley.

Chile está mal y seguirá por esa línea, porque hay una desconfianza total en los poderes del Estado. La aprobación de la Presidenta de la República es la más baja que ha tenido desde que se inició en política y parece que sus esfuerzos por mostrarse cercana tras la tragedia del norte no están dando los resultados esperados.

Por otro lado, los partidos políticos no han podido enfrentar los temas de forma clara y sólida, porque todos saben dónde les aprieta el zapato y nadie quiere decir algo de lo que se pueda arrepentir.

Por ejemplo, en el caso SQM se debe justificar más del 57% de los 4.340 millones que, según señala el SII, fueron a parar al mundo político. Esta cifra no incluye, eso sí, las boletas entregadas a la Fiscalía. En ese sentido, Renovación Nacional debe declarar acerca de 647 millones; la UDI, 1.143; la DC, 316; el PPD, 57 y el PRI, 330.

Así las cosas, no hay caminos para que la ciudadanía pueda recuperar la credibilidad, porque parece que el poder político está intentando salvarse, más que mejorar.

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