jueves 19 de septiembre, 2019

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Editorial

Bomberos y brigadistas: voluntariado y trabajo silencioso

No puede ser que, en pleno siglo XXI, el Estado no pueda hacerse cargo de la infraestructura y de los espacios, y no haya otra opción que rogar por el equipamiento a países europeos o norteamericanos. Eso es francamente inaceptable.


 Por Cristian Delgadillo Rosales

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Cada año, la región de Bío Bío se ve afectada por sendos incendios forestales. Miles de hectáreas son consumidas por el fuego, afectando bosques, campos, cultivos, viviendas, vidas humanas y animales.

Ahí aparecen hombres de bien que, buscando ayudar al prójimo, colaboran para extinguir las llamas.

Principalmente bomberos, es una labor digna de destacar. No sólo trabajan en la extinción del fuego, sino también en rescates vehiculares y emergencias con sustancias peligrosas, entre otras. En este sentido, prácticamente son imprescindibles en la sociedad producto de la labor que brindan. En reiteradas ocasiones ha surgido el tema de que su voluntaria labor sea remunerada, lo que para la mayoría de quienes se desempeñan en las compañías no es una buena idea, ya que –aseguran- se perdería la mística del trabajo que desarrollan a diario. A pesar de su excelente voluntad, el Gobierno debe desarrollar importantes medidas para mejorar las condiciones de los cuarteles. No puede ser que, en pleno siglo XXI, el Estado no pueda hacerse cargo de la infraestructura y de los espacios, y no haya otra opción que rogar por el equipamiento a países europeos o norteamericanos. Eso es francamente inaceptable.

De la misma manera, debería ser rol del país otorgarle la protección debida a las familias de los voluntarios que muchas veces pierden la vida ayudando a los demás.

Respecto a los brigadistas, pese a no ser voluntarios y recibir pago por su incansable labor, los medios de comunicación han evidenciado en reiteradas ocasiones las malas condiciones en que deben desarrollar su trabajo por un sueldo que no se condice con los riesgos que enfrentan.

Conaf es una gran institución. Protege la flora, fauna y la vida animal, pero a veces –aparentemente– queda en deuda en cuanto a la seguridad que les brinda a sus trabajadores.

La tarea del Estado es grande en esta materia, porque tiene que ser obligación proteger la vida de estas personas, además de brindar las condiciones óptimas para que realicen los difíciles trabajos y los voluntariados. No es justo que deban andar pidiendo limosnas en los peajes y casa por casa para poder ejercer su labor.

Ahora bien, hay una tarea que les corresponde a todos los chilenos y se llama responsabilidad.

Evitar los accidentes también aporta a evitar el daño y la exposición a los riesgos.

La mayoría de los incendios que se producen en Chile son intencionales o negligentes. Ya lo veíamos este viernes, cuando el vocero de gobierno anunció que expulsaría a dos turistas estadounidenses por encender una fogata en el Parque Nacional Torres del Paine.

Por lo visto, hoy la situación está de esta manera: hay que apagar el fuego y encender las ideas para mejorar la vida de quienes se exponen al riesgo por el bien de los demás.

 

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