sábado 21 de septiembre, 2019

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Editorial

El valor de la verdad y del reconocimiento del error

Aunque en ocasiones cometamos una equivocación, ser una persona honesta es una condición que se refleja en todo momento y en todo lugar y este tipo de conductas debe ser ennoblecido, especialmente cuando se vive en una sociedad acostumbrada a esconderse o justificarse en vez de asumir el error.


 Por Cristian Delgadillo Rosales

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La verdad es el valor positivo más importante que posee nuestra humanidad, algo que nos permite enfrentar la vida de la mejor manera y superar las equivocaciones.

Cuando nos referimos a este concepto, hacemos alusión directa a los términos de honestidad, sinceridad y buena fe. Bajo esta premisa, decir la verdad es la via regia para enfrentar la vida. Aun cuando a veces tenga consecuencias negativas en la vida del individuo que la enfrenta, su actuar de frente y real será valorado siempre por la sociedad.

La ausencia de la verdad, en este sentido, genera básicamente la falta de confianza entre las personas. 

Los seres humanos, los medios de comunicación, la política, la legislación, la justicia necesitan de forma imperiosa este vínculo con la verdad, pues es necesario creer… en base a eso se genera la confianza, los afectos, y se solucionan los conflictos.

En algunas oportunidades, sin la necesidad de querer perjudicar a una persona o institución, se puede cometer faltas a la verdad, pero el deber de quien las emite es rectificar, pedir las disculpas y aclarar la situación.

Lamentablemente, vivimos en una sociedad que posee una doble moral que muchas veces premia la mentira y demás valores negativos. En tales circunstancias, es complejo promover la existencia de personas honestas.

De esta manera, debemos tratar de escuchar y comprender los retos morales a los que se enfrenta la nueva generación, marcada por la instantaneidad de la información, la globalización y los avances tecnológicos. Esta nueva era no está libre de cometer errores en su afán por descubrir la verdad. En el ámbito informativo nacional, conocido es el examen de ADN que se realizó Mario Kreutzberger en 2011, donde, por entregar la información de forma instantánea a la población, se cayó en un error asegurando que el comerciante Patricio Flores era su hijo, lo que luego fue desmentido por los médicos.

Situaciones como estas pueden ocurrir en todo ámbito: en el trabajo, la oficina, la familia, la pareja o los medios de comunicación. Sin embargo, la valentía de enfrentar los errores, aclarar y decir la verdad, debe ser la base para mantener la confianza y la transparencia.

Nadie se encuentra exento de decir una falsedad, ya que el cerebro procesa tanta información en milésimas de segundos que, ciertamente, en ocasiones hablamos por mera impulsividad e inercia al exteriorizar todo lo que se está pensando en ese momento.

A veces la mentira, intencional o involuntaria, puede traer consecuencias lamentables. Sin embargo, en el tiempo, el valor de enfrentarla engrándese a los seres humanos.

Finalmente, hay que hacer hincapié en que, aunque en ocasiones cometamos una equivocación, ser una persona honesta es una condición que se refleja en todo momento y en todo lugar y este tipo de conductas debe ser ennoblecido, especialmente cuando se vive en una sociedad acostumbrada a esconderse o justificarse en vez de asumir el error.

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