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Editorial

No deberíamos estar hablando de esto

En un país como Chile, que se jacta de ser uno de los menos corruptos del mundo, la política o más bien, los políticos, se esfuerzan duramente para empeorar la imagen internacional.


 Por La Tribuna

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Las últimas semanas han sido complicadas para la política chilena. El caso Penta ha demostrado las diversas irregularidades en que se ha caído para poder realizar el financiamiento de las campañas políticas en nuestro país. Simplemente, son una vergüenza las diversas técnicas que han utilizado los “honorables” para poder conseguir los dineros que permitan costear el marketing electoral.

Hace unos días, nuevamente salió a la palestra una dura acusación realizada por el periódico de circulación nacional The Clinic, en donde –al parecer– se estarían cometiendo irregularidades en la forma de conseguir dineros para la campaña presidencial.

Ninguno de los dos casos antes mencionados se encuentran comprobados en su totalidad, pero todo hace presumir que las acusaciones son ciertas.

En un país como Chile, que se jacta de ser uno de los menos corruptos del mundo, la política o, más bien, los políticos se esfuerzan duramente para empeorar la imagen internacional.

Hay un dicho popular que señala que “hecha la ley, hecha la trampa” y aquí pareciera que eso es lo que ocurre.

La agenda nacional de temas de relevancia se ve interrumpida por estas conductas nefastas en que, lejos de buscar soluciones, las contrapartes lo único que hacen es tratar de lograr un empate, como en cada conflicto entre los polos políticos.

¿Están considerando la escasez de dineros en la nueva reforma al sistema electoral? Mientras la comunidad intenta comprender qué hicieron con el proceso, que deja mucho que desear, pensando en que ahora los parlamentarios extenderán sus territorios en esta fusión de distritos, la duda es ¿cómo se logrará financiar campañas multimillonarias ahora?

Si actualmente el proceso se ha prestado para buscar boletas de dudosa procedencia para justificar los gastos, ¿cómo se hará ahora? ¿buscarán un proceso justo y honesto para conseguir el dinero o nuevamente recurrirán a la trampa?

Chile no debería estar hablando de esto. Existe una situación de pobreza y desempleo que debería estar en primer lugar ocupando el tiempo de los políticos que juegan a culparse unos a otros. Hay reformas históricas que, aunque le gusten o no a la población de acuerdo a sus creencias ideológicas, lo cierto es que probablemente cambien el paradigma en diferentes aspectos. De la misma manera, se debe buscar herramientas para poder reactivar el emprendimiento y la economía de Chile, pero, para variar, la agenda pública de los líderes está totalmente perdida.

Hoy Chile se merece presidentes, ministros, parlamentarios, consejeros regionales, alcaldes y concejales con un verdadero sentido social, que hagan honor al ensuciado concepto de servidor público, pero que lo hagan de verdad, no por ellos, sino por la comunidad de este pequeño país que, teniendo tantas necesidades, pierde el tiempo de forma descarada en asuntos vergonzosos.

La comunidad, las personas o el pueblo -como lo llaman también- ha perdido tal credibilidad en los procesos de participación que simplemente no van a sufragar. ¿Están dando con el caso Penta o el caso Yate alguna motivación para que las altas cifras de abstención se reviertan? La respuesta es un tajante no.

Más que dar excusas, quienes han caído en estos errores deberían respetar los cargos a los que se postulan. Los líderes políticos deberían ser un orgullo para la nación y no la vergüenza que actualmente son con este tipo de comportamientos.

Finalmente, de comprobarse irregularidades en la obtención de recursos para las diversas campañas, debería sancionarse con una medida ejemplar, pero, como somos los reyes de esconder la basura debajo de la alfombra, nada raro sería que ahora apareciera una ley retroactiva que dejara el proceso en nada.

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