lee nuestro papel digital

Cultura

¿Usted sabe de dónde vienen las aguas que alimentan la laguna Esmeralda?

En la siguiente crónica, le detallamos la historia de cómo se llena el agua que da vida a uno de los rincones más característicos de nuestra capital provincial.


 Por Juvenal Rivera

Inicio y final de la laguna Esmeralda (3)

Nadie duda que la laguna Esmeralda es uno de los lugares más representativos de Los Ángeles. Es una suerte de postal que es parte integrante de nuestra memoria colectiva como habitantes de la capital provincial.

La descripción viene a cuento porque justo este 21 de mayo cumplirá un siglo desde que el recinto – incluyendo la avenida de acceso que es homónima a la fecha en cuestión – fuera inaugurado de manera oficial como una forma de homenajear a los héroes del Combate Naval de Iquique.

El 21 de mayo de 1879, Arturo Prat y sus hombres, a bordo de la Esmeralda, ofrendaron su vida en la rada de Iquique frente al poderoso monitor peruano Huáscar.

Los ecos de su gesta retumbaron con inusitada fuerza en aquel 21 de mayo de 1922 – hace casi un siglo – cuando se le dio el vamos a ese conjunto urbano que homenajea a uno de los eventos navales más importantes en la historia nacional.

Es conocido que la idea de crear ese espacio surgió de la creatividad del oficial en retiro de Ejército, Alberto Urenda, quien decidió trasladar las aguas del canal municipal hacia una cantera abandonada, formando el espejo de agua cuyo entorno fue habilitado como paseo familiar. De ahí que una de las calles laterales lleve el apellido de ese oficial.

Aclaradas ambas interrogantes, ahora cabe realizarse otra pregunta ¿de dónde vienen las aguas que alimentan a la laguna Esmeralda? ¿Usted lo sabe? ¿Se lo ha preguntado alguna vez?

Le digo desde ya que no es que el recurso salga de la nada en el extremo oriente de la avenida Ricardo Vicuña y caiga hacia el cuerpo lacustre. En realidad, se trata del último tramo, el más pequeño que debe recorrer. 

La historia del origen de las aguas de la laguna Esmeralda se enlaza con dos sucesos fundamentales en el devenir de los habitantes de la zona: la energía eléctrica y el regadío.

Para ese fin, nos vamos a remontar en el tiempo hasta estacionarnos en la década de 1880. Específicamente, en 1884, el municipio de Los Angeles pidió una merced de aguas. Al contrario de lo que se podría imaginar ahora, no fue para riego. No, tuvo un uso muy distinto.

El recurso se usaría para mover las turbinas de la central generadora situada en la esquina de calle José Manso de Velasco con Colo Colo (justo donde ahora está CGE Distribución). Así no solo se producía electricidad para las luminarias públicas y un puñado de viviendas, sino que Los Angeles se convertía en una de las primeras ciudades en el país en contar con ese servicio que ahora es indispensable para cualquier persona.

Esas aguas se sacaban desde el estero Cholguagüe, en una captación situada unos tres kilómetros al oriente de la localidad de El Peral, no muy lejos de donde aflora este curso de agua.

Como se empleaba para que Los Angeles pudiera tener electricidad en sus luminarias, se le conoció como el romántico nombre de “el canal de la luz”.

Sin embargo, lo que podría suponerse como un rápido tránsito en línea recta hasta Los Angeles, en realidad no era así. Muy por el contrario: era un serpenteante camino que alcanzaba unos 30 kilómetros y que la hacía confluir en la margen sur del ahora camino a Antuco hasta alcanzar el sector de Monte Cea. 

Esa alambicada red de canales, que incluía una laguna por el camino a Antuco (secada en la década del ’70 y que se conoció como “Laguna de la Luz”) hacía posible que las frías y cristalinas aguas del Cholguagüe llegaran hasta su destino final: la muy hermosa y nunca bien ponderada laguna Esmeralda.

¿Se percató de un detalle? La historia está escrita en tiempo pasado porque lo descrito ahora ya no se sucede. No son las aguas del estero Cholguagüe las que llegan a la laguna Esmeralda. Tampoco se usan para generar energía eléctrica.

¿Qué sucedió? ¿Y cómo es que la laguna sigue teniendo agua? Ahora se lo pasamos a explicar. 

En un principio, esos derechos de agua fueron pedidos por la municipalidad de Los Angeles para mover la pequeña central hidroeléctrica en donde ahora está la CGE. Una pequeña parte se canalizaba por la avenida Ricardo Vicuña hasta la laguna.

Sin embargo, en los años 40, buena parte de esos derechos de agua fueron traspasados a la Asociación de Canalistas del Laja y el municipio solo se quedó con lo suficiente para dar vida a ese espejo de agua ¿La razón? Ya no producía energía debido a que en esa década hicieron su aparición las gigantescas centrales de generación, como Abanico (1949). Después vendrían otras incluso más grandes (El Toro y Antuco).

La organización de regantes, en cambio, tenía otras intenciones: emplear el recurso y la red de canales para llegar a sectores que requerían del agua para su actividad agrícola.

La Asociación de Canalistas se formó en 1916 y después de una titánica labor de construcción de su trama de canales, en 1925 se inició el riego de manera regular. 

Su puesta en marcha marcó un antes y un después en la historia local al incorporar – en ese tiempo – 40 mil hectáreas al riego, lo que le cambió la fisonomía productiva a una zona habituada a modestos y poco rentables cultivos de secano.

Y mientras la organización riega los suelos, parte de esas aguas las canaliza hacia la laguna Esmeralda. Sin embargo, ya no lo hace desde la captación en el Cholguagüe. Por una cuestión práctica, el agua que se aduce de ese estero ahora riega los campos de algunos agricultores y muere cerca del fundo El Huertón.

Sin embargo, cerca de allí, a unos 300 metros del camino a Antuco (justo a la salida de la primera curva desde el cruce de la copa de agua hacia el oriente), hay un canal llamado Los Colonos, que recibe agua de los esteros Diuto y Paillihue.

En ese punto, dicho canal se divide en tres. Uno lleva agua hacia unos campos cercanos, otro los traslada hacia el fundo El Huertón y un tercer brazo marca el inicio del nuevo viaje que hacen esas aguas para dar vida a nuestra única, grande y nuestra laguna Esmeralda.

lee nuestra edición impresa

  • Compartir:
NEWSLETTER

opinión

lo más leído

NEWSLETTER
logo-ediciones-anterioes