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El trágico origen del nombre de la calle Miriam Concha

Fue una joven angelina que era parte de una reconocida familia de la zona. Sin embargo, una desgracia se llevó su vida en un accidente aéreo, el peor en la historia de la aviación comercial del país.


 Por Juvenal Rivera

HBB-3, Miriam Concha

La calle Miriam Concha es bastante breve. Un par de cuadras y listo, se acaba. A pasos de la Escuela Colonia Árabe, está paralela a Ercilla y sus extremos son Orompello por el norte, y Galvarino, por el sur.

Pese a su brevedad, la calle es muy reconocible para el común de los angelinos.

Sin embargo, la historia del porqué de su nombre se diluye y desdibuja en el implacable mar del olvido. Un origen que trasunta un hecho trágico que costó la vida de una joven angelina en un accidente aéreo ocurrido cerca de Santiago en 1965 y que solo podría homologarse a lo vivido 30 años más tarde cuando otro incidente similar en Perú se llevó la vida de dos jóvenes oriundas de esta zona.

Miriam Concha fue parte de la peor tragedia aérea ocurrida en nuestro país. Ella fue una de las víctimas fatales de aquel incidente que acaparó la atención de la prensa en esos años.

En efecto, el 6 de febrero de 1965, un avión de pasajeros de la línea aérea LAN se estrelló en el Cajón del Maipo. El saldo final fue trágico: 87 víctimas fatales. Entre los fallecidos, estaba Miriam Concha Figueroa, quien oficiaba de azafata en ese mortal vuelo.

Ella había nacido el 16 de julio de 1937 en Los Ángeles. Era parte de una familia de antigua raigambre en la ciudad. De hecho, su padre, Óscar Concha Muñoz, fue un muy respetado rector del liceo de Hombres, uno de los cargos más importantes de la época.

Aunque Miriam habría egresado de bachiller, en 1960 dio un giro a su vida y tomó la decisión de incorporarse a la empresa área. En esos años, ser azafata o aeromoza era una actividad a la que solo un grupo muy selecto de mujeres podía acceder. Era un privilegio y se debían cumplir estrictos estándares estéticos y de atención al cliente.

Miriam Concha calificó para dicha tarea. En esa jornada se preparó junto a los siete integrantes de la tripulación para realizar un vuelo que debía ser rutinario entre Santiago y Buenos Aires.

Además de la tripulación, se embarcaron 80 pasajeros que emprendieron vuelo esa mañana del sábado 6 de febrero desde el aeropuerto Cerrillos con rumbo a la capital trasandina, Argentina. Sin embargo, 30 minutos después del despegue, algo muy malo sucedió. En realidad, lo peor que podía suceder.

Aparentemente, una mala maniobra del piloto que tomó una ruta poco habitual y sin conseguir la altura necesaria tuvo su epítome cuando intentó traspasar la gran muralla de Los Andes y terminó con el avión estrellado en una de las laderas de la montaña.

Fue una tragedia horrible. Los restos de las víctimas quedaron diseminados en esa abrupta geografía. De acuerdo a los relatos, el aparato y los pasajeros se desintegraron al golpear contra los farellones y sus restos quedaron dispersos en un área relativamente pequeña.

La muerte de Miriam Concha caló hondo en Los Ángeles. Básicamente, por su juventud, por ejercer una actividad absolutamente novedosa para la época y por los antiguos nexos familiares con la sociedad local.

Cientos de personas concurrieron a su velatorio en la parroquia San Francisco para tributarle un último adiós. La masividad fue una característica del tránsito doloroso que se inició cuando llegó el ataúd con sus restos mortales y que se prolongó hasta su última morada.

Las máximas autoridades de la zona encabezaron el sepelio doloroso hasta la última morada de la joven angelina. Incluso, aviones de la Fuerza Aérea surcaron los cielos de la ciudad en la hora de la misa por su eterno descanso.

Un postrero homenaje fue la decisión de bautizar con su nombre a una de las calles de la población Orompello, construida en la segunda mitad de la década del 60.

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