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El torpe error que frustró el robo del siglo en Los Ángeles

La audacia de la banda de delincuentes pudo haberles proporcionado un impresionante botín en dinero en efectivo. Pero cometieron un error y todos terminaron tras las rejas.


 Por Juvenal Rivera

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Pudo ser el robo del siglo en Los Ángeles. De hecho, la idea del atraco y su detallada planificación son dignas del mejor guión para una película de acción.

Habría sido el mayor robo a un centro comercial, en este caso, el Mall Plaza de la ciudad que había abierto sus puertas recién un par de años antes. Habría sido el delito más increíble, el más audaz. Habrían sido más de 200 millones de pesos para sus autores (algo así como 340 millones en moneda actual).

Pero, como sucede en casi todas las películas – en aquellas en que ganan los buenos y pierden los malos -, acá sucedió eso: perdieron los malos. Afortunadamente.

Y todo por un descuido infantil, una torpeza de principiante, un error impropio de asaltantes experimentados. En el ABC del delincuente, este sabe muy bien que la víctima debe ser bien atada para evitar cualquier fuga o intento de escape. Pero no lo hicieron bien y lo que sería uno de los robos más audaces de los últimos años en Los Ángeles, terminó con cuatro hombres esposados, en el suelo, mascullando la rabia por su infinita torpeza, mientras esperaban el furgón policial que los llevaría al calabozo de la Primera Comisaría de Carabineros de la ciudad.

La historia en cuestión sucedió cuando comenzaba a bajar el sol en ese jueves 23 de marzo de 2005. ¿El lugar? El Mall Plaza Los Ángeles. En esos días, se vivían las preocupaciones propias de un fin de semana largo por Semana Santa.

A las 7 de la tarde de ese día, cuatro hombres entraron al centro comercial. Lo hicieron en el marasmo de público que copaba el recinto para hacer las compras de última hora. El otro día sería Viernes Santo y todo funcionaría a media máquina por los días de extenso asueto.

Cristian Lagos Macías, Darwin Negrete Basoalto y Jaime Ramírez Sánchez, a la cabeza de Rigoberto Antonio Sanhueza Laurié (alias el Chumpy), se confunden en el gentío. Sin embargo, nadie sabe que entre sus ropas y bolsos ocultan un pequeño arsenal: una escopeta recortada, una pistola automática y un revólver a fogueo adaptado para calibre 22. Pero eso no es todo. También llevan un galletero, un combo, alargadores eléctricos y herramientas varias.

¿El objetivo de la banda criminal? Los cajeros automáticos del mall. En ese tiempo, eran cuatro surtidores de dinero en todo el recinto. Ellos también sabían un dato importante: los cajeros estarían llenos. Fueron abastecidos esa misma tarde del jueves debido al largo fin de semana. En total, más de 200 millones de pesos. Un botín más que apetitoso.

Pero no debe haber gente para desvalijar los cajeros. Ahí viene lo brillante del plan. Los cuatro se ocultarían en el mall y esperarían pacientemente a que se cumpla el rito diario de cerrar las puertas al público, que se vayan todos los empleados a sus casas y que solo se queden los guardias de seguridad.

Y así lo hicieron. Recién llegado ese momento, los cuatro delincuentes actúan. Salen de sus escondites, sacan sus armas y rápidamente reducen a los dos guardias que están en el patio de comidas. Los atan. Toman a uno y se lo llevan a otro lugar, lejos de su vista. Ahí se produce el error, la falla monumental.

El otro guardia queda solo, sin nadie que lo custodie. En esos minutos, que deben haber parecido una eternidad, el vigilante se desata de sus amarras y apenas puede, corre como si lo persiguiera el diablo. Escapa hacia la calle. Avisa enseguida a Carabineros y en tres tiempos, se monta un operativo para capturar a los asaltantes. Tres son atrapados en el mismo centro comercial. El cuarto integrante de la banda escapa hacia calle Mendoza y se refugia en el patio del Colegio San Francisco. Pero ahí mismo fue capturado.

En junio del año 2006, durante el juicio oral a tres de los cuatro implicados, hubo de todo. Incluso, los guardias fueron amenazados en las semanas previas por los familiares de los acusados para que no declararan. Igualmente lo hicieron. En promedio, a la banda les aplican condenas de reclusión de entre 5 y 15 años.

En el caso de Rigoberto Antonio Sanhueza Laurié, el cuarto implicado, recién es llevado ante los jueces en noviembre del 2007. Quien fuera considerado el cerebro detrás del atraco, además de ser un reconocido traficante de la población Domingo Contreras Gómez, es apresado recién en septiembre de ese año. Estuvo prófugo por más de dos años antes de ser capturado en medio de un operativo policial que derivó en incidentes durante toda la noche en ese sector de la ciudad y que incluso, alcanzaron las instalaciones policiales del centro

Aunque se le aplicó una condena de cinco años, el “Chumpy” debió volver a enfrentar a los jueces por varias acusaciones de tráfico de drogas y otros delitos.

Con las condenas a los cuatro implicados, se puso fin a la historia de lo que pudo ser el mayor robo en Los Ángeles de las últimas décadas, dejando atrás en el monto del dinero sustraído a los atracos perpetrados a principios de los ’90, como el ocurrido a la caja pagadora del INP en calle Villagrán, a la caja pagadora de Brink’s en la planta Iansa o el asalto al banco de Créditos e Inversiones, frente a la plaza.

Pero esos atracos serán motivo de otra publicación.

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