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Los pormenores de la instalación de la Convención Constitucional

El proceso vivido en la jornada de ayer estuvo matizado por las emociones y las certezas que deja un proceso histórico en la vida republicana.


 Por Juvenal Rivera

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Podría escribirse la nota sobre la instalación de la Convención Constituyente desde los hechos, una suerte de narración cronológica de los acontecimientos desde que despuntó el alba hasta que comenzó a irse la luz natural.

Sin embargo, el hito de lo ocurrido en la jornada de este domingo en la sede del Congreso Nacional en Santiago se debe relatar desde la emocionalidad, desde lo que representa estar frente a un suceso de carácter histórico.

Porque lo ocurrido durante la jornada de este domingo 4 de julio en los jardines de la ex sede del Legislativo es el corolario de la jornada de masivas protestas contra los abusos y las injusticias que se iniciaron aquel 18 de octubre de 2019.

Aunque en el camino se cruzó una pandemia – el riesgo de contagios por coronavirus obligó a un inusual despliegue sanitario durante el acto-, lo cierto es que el proceso catalizado en el Acuerdo por la Paz del 15 de noviembre de 2019 siguió avanzando, con ajustes importantes en el camino: la paridad de género (inédita en el mundo) y los escaños reservados para los pueblos indígenas.

Las elecciones del 15 y 16 de mayo fueron inéditas en cuanto fueron las primeras en que nuestro país decide entregar la responsabilidad de la Carta Magna a manos de un cuerpo colegiado formado por 155 hombres y mujeres que este domingo 4 de julio habían sido convocados para asumir sus funciones.

Lo ocurrido coincide en forma y fondo con lo ocurrido hace justo 210 años cuando se constituyó el primer Congreso Nacional en el país (4 de julio de 1811), en los albores del proceso independista nacional. Aquella vez cuando fue Bernardo O’Higgins, futuro padre de la patria, representó los intereses de los habitantes de la Isla de la Laja (actual provincia de Biobío) ante aquel primer cuerpo colegiado.

INSTALACIÓN

La jornada se inició tranquila para ser una mañana de domingo aunque desde varios puntos de la capital hubo marchas de respaldo a los distintos grupos de convencionales electos, especialmente aquellos que reivindicaron la protesta social.

A las 10 debía iniciarse la ceremonia pero las marchas se fueron dilatando más allá de lo esperado. Paulatinamente, los convencionales constituyentes apareciendo por el pórtico de acceso a los jardines  del ex Congreso Nacional. Más allá, justo frente el acceso principal al imponente edificio, se montó el escenario.  

El acto de instalación estuvo lejos de la habitual formalidad a las que nos tienen acostumbrados los republicanos cambios de mando presidenciales y la asunción de los legisladores. No hubo sólo chaqueta, corbata y pantalón de tela. Hubo jeans y sombreros pero también trapelacuchas y trariloncos, tocados rapa nui, hubo banderas mapuches y aymarás. Hubo hasta una niña pequeña, hija de convencional constituyente que no se despegó de su madre. 

Hubo esa diversidad que muy inusualmente se observa en eventos de esta naturaleza.

Hubo incidentes. Cerca del edificio de escucharon varias detonaciones, gritos y sonidos de balizas policiales. A poco de que se iniciara la ceremonia, manifestantes y carabineros se enfrentaban en las calles aledañas. Un grupo incluso llegó hasta una de las rejas perimetrales y ocasionaron algunos desórdenes. Al final de la jornada, hubo heridos en ambos lados y un puñado de detenidos.

Los incidentes dieron origen a un momento de extrema tensión. La canción nacional, que marcaba el inicio de la ceremonia, fue abucheada por algunos de los participantes. Hubo gritos y abucheos. Varios de los convencionales salieron del edificio para verificar lo que sucedía.

Hubo mucha tensión y preocupación. En las afueras, las declaraciones de los representantes de uno y otro bando se sucedían para tratar de explicar, desde su punto de vista, lo que estaba sucediendo y lo que podía acontecer.

Capítulo aparte merece la ponderación y buen juicio de la secretaria relatora del Tribunal Calificador de Elecciones (Tricel), Carmen Gloria Valladares, encargada de conducir el acto de instalación.

Fue su actitud la que logró apaciguar las aguas demasiado inquietas que se extendieron por minutos que parecían eternos.

Después de casi tres horas de retraso respecto de la hora original de inicio, la funcionaria pudo iniciar la lectura el documento de la resolución que confería a los 155 hombres y mujeres la condición de convencionales constituyentes. A las 13,04 terminó de leer el dictamen. Cuatro minutos más tarde, los 155 se comprometían, de manera unánime, a cumplir el deber por el que fueron mandatados en

Después, hubo aplausos y felicitaciones.

ELECCIÓN DE ELISA LONCÓN

La elección de Elisa Loncón como primera presidenta de la Convención Constituyente tiene un significado mayúsculo, tomando en cuenta que representa a dos sectores que históricamente han estado excluidos de la vida política: las mujeres y los pueblos originarios.

Necesitaba de 78 votos. En el primer conteo, le faltaron 20. En la segunda ocasión, sumó 96. Más que suficientes para encabezar la instancia.

La mujer nacida en Traiguén, con dos doctorados en literatura y humanidades en universidades extranjeras, comenzó sus palabras con un saludo habitual en mapudungún: “Mari mari pu lamngen, mari mari kom pu che, mari mari Chile mapu”.

“Un saludo grande al pueblo de Chile, desde el norte hasta la Patagonia, desde el lafken —el mar— hasta la cordillera, en las islas… a todo el pueblo de Chile que nos está escuchando: aquí estamos, lamngen, aquí estamos”, dijo.

Además de agradecer el apoyo “a las diferentes coaliciones que entregaron su confianza y depositaron sus sueños en el llamado que hiciera la nación mapuche para votar por una persona mapuche, mujer, para cambiar la historia de este país”, Loncon declaró que se encontraba “muy feliz” por “la fuerza” otorgada.

“Pero esta fuerza es para todo el pueblo de Chile: para todos los sectores, las regiones, los pueblos y las naciones originarias que nos acompañan”, aseguró.

En su discurso inicial, la presidenta de la Convención hizo un reconocimiento y un saludo a la diversidad sexual y a “las mujeres que caminaron contra todo sistema de dominación”. “Esta vez, estamos instalando aquí una manera de ser plural, una manera de ser democráticos, una manera de ser participativos. Por eso, esta Convención que hoy día me toca presidir, transformará el Chile en un Chile Plurinacional, intercultural”, apuntó.

“En un Chile que no atente contra los derechos de las mujeres, de las cuidadoras, en un Chile que cuide la madre tierra, en un Chile que limpie las aguas contra toda dominación”, expresó también.

Loncon envió un “saludo especial” a sus compañeros “del Wallmapu”. “Este sueño es un sueño de nuestros antepasados. Este sueño se hace realidad, es posible refundar este Chile y establecer una nueva relación entre el pueblo Mapuche, las naciones originarias y todas las naciones que conforman este país”, dijo.

Su elección, aseguró Loncon, “es la primera muestra de que esta Convención va a ser participativa”. “Establecimos que iba a ser una dirección rotativa, colectiva, que dé espacio a todos los sectores que están representados aquí: todos juntos vamos a refundar este Chile. Tenemos que ampliar la democracia, tenemos que ampliar la participación, tenemos que convocar hasta al último rincón de Chile: que vea este proceso, que sea un proceso transparente”, pronunció.

“Que nos puedan ver hasta el último rincón en nuestros pueblos y nuestras naciones originarias, que han estado postergadas durante todo lo que ha sido el Estado-nación chileno. Por los derechos de nuestras naciones originarias, por los derechos de las regiones, por los derechos a la madre tierra, por los derechos al agua, por los derechos de las mujeres, por los derechos de los niños”, enumeró

“Se funda un nuevo Chile: plural, plurilingüe, con todas las culturas, con todos los pueblos, con las mujeres, con los territorios. Ese es nuestro sueño para escribir una nueva Constitución”, cerró antes de pronunciar tres veces la expresión “marichiweu” (“diez veces venceremos”).

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